Descanse en Paz el P. Manuel Macouzet Tron

EN LA MADRUGADA DEL LUNES 19 DE NOVIEMBRE, FALLECIÓ EN MORELIA EL M.I. SR. CNGO. D MANUEL MACOUZET TRON

EL P. MANUEL MACOUZET TRON NACIÓ EN MORELIA  EL 16 DE NOVIEMBRE DE 1927 Y RECIBIÓ EL ORDEN SACERDOTAL EL 30 DE MAYO DE 1953.

Sr. Arzobispo insensando el feretro del Monseñor Maneul Macouzet Tron

 

 

EN LOS 50 AÑOS DE SACERDOCIO DEL P. MACOUZET TRONEL PADRE MANOLO.  Por † Carlos Suárez Cázares, Obispo de Zamora

Dicen que cuando infundió el Creador el alma en el pequeño Manuel, le dijo a San Pedro: rompe el molde; vamos a ver qué tal nos sale este modelo. Dicho y hecho. Así comenzó la original, especialísima, única e irrepetible vida de un singular –no faltaba más– personaje que en estos días celebra sus Bodas de Oro Sacerdotales. Se llamó así, y sus apellidos fueron Macouzet Tron, para seguir con las originalidades. No se sabe gran cosa de su niñez, solamente su afición a la lechita, que le ha perdurado de grande y que lo llevó a superar la barrera de los cien kilos; ahora ya lo bajaron de peso, como a los boxeadores, retirándole el plato. 

Tuvo una infancia feliz, opacado solamente por la muerte de su mami. Pero el doctor, su papá, se la repuso más o menos pronto y, además de sus tres queridos hermanos, tiene una pléyade de medios hermanos y, sobre todo, de medias hermanas que le valieron el aprecio de todos los seminaristas que, gozosos, celebraban cada año la llegada de una nueva pequeñita al hogar de los Macouzet. Naturalmente, era el mismo y dilecto profesor quien les participaba la noticia, sólo para recibir de inmediato el apelativo, un tanto complicado, de cuñado, cosa que le ponía algo rojo, pero que en el fondo le agradaba. Hoy, todos son ya jóvenes profesionistas y agraciadas amas de casa, a las que felicitamos igualmente por tan famoso medio hermano. Para ellos y ellas, es simplemente Manolo. En sus años mozos fue nicolaita y coqueteó con las ideologías anticatólicas propias de esos tiempos en la Universidad; tuvo también otros coqueteos, pero de ésos el pudor calla. Lo cierto es que le tocó la gracia, y él tocó las puertas del Seminario de Morelia, donde el querido y recordado señor Tirado lo recibió, dándole un tratamiento especial, dada su edad y conocimientos ya adquiridos, porque desde chiquito fue dado a los libros y al estudio, teniendo afición particular por las enciclopedias, las cuales se aprendió de memoria, para después compartirlas. Gracias a esos conocimientos, yo sé cuántos protestantes hay en Japón, cuántos católicos en Sudáfrica, cuál es el período de gestación de los ornitorrincos, cuántos países hay en África y Oceanía, cómo se llama al primer ministro de la República de Sri Lanka y otros conocimientos por el estilo, pues nos recetaba la letra que le había tocado en la mañana, a la hora del desayuno. Ha leído ya como tres veces, al derecho y al revés, la Enciclopedia Británica. 

Naturalmente, fue destinado al Seminario al poco tiempo de ordenado. Por esos años, conviene relatar, con todo respeto, un trágico acontecimiento: iba de camino por Mil Cumbres a predicar a un pueblo de la serranía, cuando tuvo un accidente espantoso en el cual casi perdió su pierna. Él, ni tardo ni perezoso, paró al primer coche que pasó por el lugar de los hechos y le encargó, en primer lugar, que fuera a avisar al pueblo que “probablemente” no iba a llegar a la predicación que tenía. Después, al segundo le pidió auxilio. Con los milagros de la ciencia, pudo conservar su valiosa extremidad, con las limitaciones que le caracterizan; pero eso no impidió que fuera campeón estatal de tenis, dirigente eterno de la Asociación Michoacana del deporte blanco y ciclista consumado que, de alzacuello y traje negro, se paraba en cada semáforo de Morelia sin bajarse de la jaca, haciendo equilibrio con las ruedas, que le celebraban todos los transeúntes. Por los años 58 ó 59 se fue a Roma para estudiar, parece que en el Mundo Mejor. No dudamos que haya aprendido muchas cosas, que después impartió en sus largos y eternos años del Seminario; pero lo cierto es que le gustó el jueguito, le encantó brincar el charco y se fascinó de tal forma por el Viejo Mundo y sus alrededores, que muy pronto se convirtió en agente de viajes y, al poco tiempo, lo hizo alrededor del mundo.  Todo comenzó un día en el balneario de Queréndaro, donde estábamos de paseo. Se encontró unos chiquillos nadando felizmente. “¿Cómo te llamas, niño? ¿A qué se dedica tu papá? ¿Tiene centavitos?” Así comenzó a invitar a los riquillos de por aquí y de por allá, de viaje. El método fue tan efectivo, que en este momento sólo el Papa le gana en viajes, y quién sabe. Ha recorrido todo el planeta; le faltarán sólo los países que ayer lograron su independencia en la lejana Oceanía. Tiene el récord Guiness de viajero, y de muchas otras cosas. Ha celebrado la Eucaristía en trenes, aviones, barcos y autobuses, y ha convertido al cristianismo a musulmanes, budistas, taoístas, tibetanos, protestantes, anglicanos, ortodoxos y uno que otro católico renegado. No se le va uno vivo. Acaba por confesar a todo mundo y por ponerlo a rezar el Rosario. ¡Y ay de aquel que se le resista…! En Tierra Santa tiene un monumento, y las líneas aéreas del mundo le tienen ya un carnet para que viaje gratis. Tenía la buena costumbre de llevarse de viaje gratis, con el número de turistas que conseguía, a sus familiares; los llevó a todos, hasta la tercera y cuarta generación, y luego le siguió con los curitas más amolados; cargó con un cuarto del Presbiterio de su amada Iglesia particular, que ya es un decir.  

Entre las aventuras de sus viajes, tiene de todos lados y de todos colores; unas para contar y otras que el pudor calla. Una leve e inocente es ésta: Se fue en bicicleta a Centroamérica para visitar las ruinas en El Petén, en sus años mozos; para tomar el avioncillo que lo llevaría, hizo un hoyo en la tierra, enterró la bicicleta y las maletas, se trepó al mosquito, regresó y desenterró sus santos haberes para regresar a la patria… pedaleando. O tempora, o mores, Padre Manolo. Es un experto y además especialista en todos los ámbitos del saber eclesiástico y no, poco menos que Pico de la Mirandola, de omni re scibili et de quibusdam aliis. En el Seminario impartió cátedra de las siguientes disciplinas, sin orden ni jerarquía: Catequesis, Inglés, Francés y Alemán; no le alcanzó para poner el ruso, esperanto, latín y griego, que no eran sus fuertes; Química y Física, nos llevaba a conocer Los Filtros y la Refinería de Salamanca; Filosofía, Antropología y Cosmología, que nadie quería; Psicología Experimental y Racional, Historia de la Filosofía, Historia de México; Teología Dogmática y Pastoral, Historia de las Religiones y, además de éstas, una que otra clase de tenis, con pocos alumnos, por citar algo. Confesor de muchos y director espiritual de algunos aventados, promotor de obispos y de causas de santos, consejero de toda autoridad, le pidieran o no consejo. De tanta sabiduría, tengo la desgracia o la fortuna de que a mí nada más me dio Química, con el Manual de Puig; gracias a eso me sé la fórmula del agua y más o menos una veintena de elementos. Me saqué ocho y medio en el examen. 

Recientemente ha dejado la cátedra, pero no el Seminario, donde tiene un cuarto para atender solicitudes y llamar por teléfono igual al Papa que al Presidente, a la línea aérea tal, o al Párroco fulano, para ver si tiene sus Misas completas para el próximo domingo o le falta alguna que él le cubra. Constructor y promotor de iglesias, controla más o menos unas 50 en todos los alrededores de Morelia, hechas bajo su gestión, con fondos recabados y la buena voluntad de la Divina Providencia. Entre sus buenos métodos para sacar dinero, está el de dedicar la iglesia a un santo o santa y luego agarrar el directorio telefónico, el registro de bautismos y el registro civil, e invitar a cooperar a todos los que lleven el nombre del o de la bienaventurada; así le construyó iglesias a San Cleofas, Santa Rita, San Paciano, Santa Sinforosa y otros. Buscador incansable de terrenos para el culto en cuanto fraccionamiento particular o de gobierno se hace, en tiempos del Ingeniero Cárdenas había órdenes en el Palacio de Gobierno de que si se presentaba el Padre Macouzet, se le concedieran sus peticiones; más le valía al gobernante, pues de otro modo le esperaban diez cartas con diez argumentos cada una en favor de la cesión, con Apologética y sentido común. Morelia seguirá siendo católica, en parte gracias a los templos construidos por Tron y Cía. Ya tiene alumnos aventajados en esta faceta de su rica y compleja personalidad. 

No acabaríamos de hablar del Padre Macouzet. De su rica biblioteca, quizá única entre los clérigos; de la changuita, su compañera, que vivía en su casa por la calzada Guadalupe, casta ella, con voto de castidad como su patrón, sin chango ni changuitos, que besaba reverente la mano del pastor cuando llegaba a casa, y que un buen o mal día se ahorcó, no sabemos si por alguna desilusión “amorosa”, o porque simplemente en sus brincos se enredó en el mecate que parecía la liana de Chita de Tarzán,  El Padre Manolo nunca ha soñado en grados de jerarquía ni en otras borlas porque es pobre, humilde y sencillo de verdad; pero sí deseaba ser Canónigo. El Señor del Cielo y el Sr. Arzobispo se pusieron de acuerdo y le concedieron la gracia que lo tiene feliz. Así que, desde Zamora, le mandamos un cariñoso abrazo a Su Ilustrísima, y le damos gracias a Dios porque el bien que ha hecho ha sido mil veces más de lo aquí relatado, recuerdos de treinta años casi de vida común en nuestro querido Seminario de Morelia. Hoy, Padre Manolo, permítame que sea yo quien bese su mano, reverente… Te Deum laudamus.