Francisco Alday

Francisco Alday (1908-1964). El ilustre poeta formado en este seminario Nació en Querétaro, Querétaro el 14 de junio de 1908.

Hizo sus primeros estudios en Dolores Hidalgo, Gto., donde vivían sus padres, al cuidado del profesor Cirilo Flores en 1920 ingresó al Colegio Apostólico de los Padres del Espíritu Santo en Chiautempan, Tlaxcala.

Vino al Seminario de Morelia en 1928 para estudiar filosofía y teología. Ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1936.

Fue catedrático del Seminario durante toda su vida. Murió en Morelia el 26 de noviembre de 1964. Publicó sus poemas en varias revistas (Ábside, Viñetas, La Nación, Comunidad Cristiana). Le fueron publicados también dos folletos: Doce Sonetos y diecisiete liras de Francisco Alday, (Morelia, Ed. Provincia, 1945). Francisco Alday, (Colección “Poesía en el mundo”, no. 27, Monterrey, 1960). A continuación incluimos la nota que amablemente nos proporcionó Benjamín Fernández, profundo conocedor de la poesía de Alday: “Francisco Alday, al lado de Velarde y Plascencia, emerge en la armonía polifónica de la poesía mexicana moderna como una voz singular, nueva en su tonalidad, versátil en su entonación y audaz y disímbola en los caminos diversos de su musicalidad.”

“Alday es una voz egregia, pero difícil de configurarse en una pauta única. Si quisiéramos indagar la confluencia tonal del canto múltiple que de la lira de Alday brota y redunda, tendríamos qué buscarla del espíritu del hombre y en el íntimo palpitar de su corazón indescifrable:

Perdido

Señor, quiero dormir sueño profundo
reclinada en la tuya mi cabeza;
quiero soñar que viajo de tu pecho
por las cimas roqueras;
quiero soñar que sueño y no retorno
de las cumbres aquellas…

Después quiero soñar que me despierto,
para soñar tan sólo, y que la selva,
en el siglo que yo viví soñando,
se pobló de malezas,
cubrió de ardientes frondas sus salidas
y borró sus veredas.

Entonces, si lo quieres,
levemente sacude tu cabeza,
y yo despertaré con las caricias
de los anillos de tu cabellera.

Pero… ya será tarde: prisionero
de tu amor inmortal y tu belleza,
he de viajar, perdido para siempre,
por las cumbres aquellas.

Francisco Alday