Interpretación del escudo del seminario

Nuestro Escudo

Escudo


Diseño:
Don Antonio Urbina, profesor de Dibujo (1884)
Se tienen dos versiones que, sustancialmente, coinciden en la interpretación del Escudo del Seminario.

Interpretación del Escudo

Primera Versión
El escudo de nuestro Seminario es la idea que nos da vida, plasmada admirablemente por nuestros mayores, en los signos de una heráldica sencilla.

En la cumbre y sobre todo, ostenta las armas pontificias que dan luz; en el centro, campea el águila fuerte. Adorna todo el conjunto una beca, que envuelve una palma victoriosa.

Esto quiere decir que para nosotros “por encima de todo, hasta de la patria, está el Papa, está la Iglesia”.

Después de ellos, nuestra patria. Y adornando esas dos realidades altísimas, el símbolo de nuestras tradiciones domésticas, “el alma de nuestro Seminario envolviendo la palma que simboliza a la vez victoria y matrimonio, porque Cristo enlazó ambas cosas para siempre” (Mons. Martínez).

Fue diseñado en 1884 por D. Antonio Urbina, profesor de dibujo en el Seminario, que hizo patente para nosotros la hermosísima idea del Excmo. Sr. D. J. Ignacio Arciga.

Tresmontels, constructor del “Seminario de San José”, hizo un relieve del escudo sobre la puerta rectoral, en la planta alta del “patio de honor” que aún puede verse (tomada de Trento IV-3, Segunda época, junio de 1962, página 12).

Segunda Versión

“Si queréis que os muestre tangible y viviente el espíritu del Seminario, os preguntaré su escudo, el viejo escudo de ésta casa solariega: arriba ostenta las armas pontificias, irradiando luz; en el centro campea el águila fuerte y salvaje de nuestros mayores y orla el conjunto una beca envolviendo una palma de victoria.

En nuestra heráldica sencillez esto significa que, para nosotros, por encima de todo, hasta de la patria, está el Papa, está la Iglesia. Siempre ha sido honor del Seminario su adhesión inquebrantable y su amor al Soberano Pontífice; y, si he de deciros todo lo que siento, oíd: Nosotros amamos nuestras tradiciones, por el espíritu y el corazón estamos fuertemente adheridos al viejo tronco que plantaron nuestros mayores; pero, si alguna vez la Iglesia lo ordenara, nosotros tomaríamos con mano firme el hacha demoledora y extirparíamos el tronco querido, aunque para ello fuera preciso arrancarnos el corazón.

Después de la iglesia, la patria; después de Roma, el Tepeyac; después de las llaves de San Pedro, el águila caudal de nuestros padres que abatió su vuelo a los pies de la Virgen Bendita.

Y, rodeando esas dos realidades altísimas, el símbolo de nuestras tradiciones domésticas, el alma del Seminario envolviendo la palma que simboliza a la vez la victoria y el martirio, porque Cristo enlazó ambas cosas para siempre” (Luis María Martínez, 1922). (retomada en el anuario 1996 – 1997, dirigido por el P. Antonio Basurto Mendoza).