El Curso Introductorio en el Seminario de Morelia
Introducción
Hace un año, cuando se programó el año jubilar de los 100 años de la presencia del Seminario en la Parroquia de Erongarícuaro, parecía demasiado lejos la determinación de esta celebración y mi participación en esta conferencia. Como un suspiro han pasado los meses con sus respectivas celebraciones y aquí estoy hoy para platicarles un poco sobre esta extraordinaria experiencia del Curso Introductorio.
Así como transcurrió el tiempo del año jubilar, se han ido para mí los 10 años de vida del Curso Introductorio.
Quiero ofrecer ésta presentación a la memoria del P. Agustín García, mi maestro y amigo, que me impulsó mucho en el afán de tener memoria histórica y de colaborar con un granito de arena en la historia del Seminario y de la Arquidiócesis.
Con este trabajo, hago un primer intento de plasmar los datos más fundamentales sobre el caminar de esta etapa de de formación del Curso Introductorio en el Seminario de Morelia.
Finalmente, en esta introducción, quiero hacer mención de otra reflexión que me hizo otro de mis grandes maestros y amigos, D. Carlos Herrejón Peredo, quien me dijo: “vas a hablar de ti mismo, tocayo”, y no es tan fácil hacerlo. Soy consciente de que el Curso introductorio en nuestro Seminario se ha identificado mucho con mi persona y con mi estilo, por haberme tocado pertenecer al equipo formador desde el principio. Hoy quiero hacer la separación y dejar el Curso Introductorio como la etapa de formación que ha brotado de la búsqueda de una preparación más acorde a las orientaciones del magisterio de la Iglesia y a las exigencias de nuestro tiempo, en nuestro querido Seminario de Morelia; y puntualizo que mi aporte ha sido cumpliendo con el encargo que se me hizo de colaborar en esta etapa de formación.
1. Antecedentes de la experiencia
Dentro de la renovación post-conciliar, en nuestro Seminario de Morelia se inició la búsqueda de los mejores caminos para la formación sacerdotal. Después de la Optatam Totius, fueron apareciendo los cambios concretos en el proceso formativo de nuestro Seminario. Entre los muchos elementos que se consideraron fueron definiéndose claramente las áreas y las etapas de formación, junto con los criterios de admisión y de selección de los candidatos. Mucho se discutía sobre la necesidad de un tiempo especial de discernimiento vocacional y de una reestructuración en el proceso formativo. En el equipo formador del Seminario lo empezamos a reflexionar y discutir desde el 1976, como consta en algunas encuestas que se tiene en el archivo de la Secretaría del Seminario donde, numéricamente, se constata la poca perseverancia de los alumnos que terminan la secundaria.
De una manera oficial aparece ya como propuesta de estudio en el acta de Consejo Presbiterial del 2 de marzo de 1982, en donde dice, a propósito de la comunidad del Seminario:
“El P. Carlos Suárez, en ausencia del encargado, informó del consejo de una reunión de evaluación semestral habida en el Seminario, que incluye un proyecto de reestructuración en el proceso de formación desde secundaria hasta filosofía”. Se presenta como proyecto de maestros y formadores: “los padres analizaron una proposición que incluye los siguientes pasos:
- Desligar la secundaria del Seminario.
- Que la estancia en el Seminario empiece con los tres años de humanidades.
- Que haya un curso propedéutico antes de comenzar los estudios de filosofía, que durarían dos años”.
¿Por qué se llegó a esta proposición? Porque la secundaria ha representado problemas graves en el Seminario: problema de personal, problemas económicos, escasísima perseverancia, intención torcida de los que integran el Seminario para hacer los estudios de la secundaria.
En la misma acta se hacían las siguientes anotaciones: no se pretende acabar con la secundaria, sólo desligarla, en cuanto al internado, del Seminario. La mayoría de los vienen con la sola intención de hacer los estudios de la secundaria, ya que ésta está prestigiada ante la SEP y, además, los estudios salen baratos.
Por lo que se refiere al curso de Humanidades que duraría dos años, los formadores encuentran una grave dificultad, y que son pocos los alumnos que perseveran y muchos los que llegan de fuera.
Además se quiere que el curso de humanidades sea un periodo de fuerte preparación. Para ello será necesaria una reestructuración que abarque los estudios, la espiritualidad y la distribución misma del tiempo y las personas, para atender los centros vocacionales que el P. Alejo ha formado en la Arquidiócesis.
Para estudiar más profundamente esta proposición se han creado tres comisiones:
- De estudios.
- Para el Curso Propedéutico.
- Para los centros vocacionales.
Considero muy importante todo el contenido de esta acta, pues es el primer dato oficial del estudio previo a la instrumentalización del Curso Introductorio.
El 17 de Mayo de 1982 vuelve a aparecer el tema, pero ahora ya aprobado por el consejo presbiterial, quedando así la reestructuración.
De tres años de secundaria, dos de Humanidades, y tres de Filosofía, se aprueba que cambie al siguiente: suprimir la secundaria como internado, o sea que no dependa del Seminario y se convierta en escuela católica abierta, con opción a cultivar candidatos al Seminario; establecer tres años de Humanidades; una año de propedéutico, como transición del Seminario Menor al Mayor, y dos años de Filosofía.
En el acta del 22 de marzo de 1984 nuevamente aparece el tema, presentando entonces el P. Carlos Suárez el Curso Introductorio, conforme a las exigencias del Nº 14 de la Optatam Totius que pide la iniciación de los estudios eclesiásticos con un Curso Introductorio que proponga el misterio de la salvación de forma que los alumnos adviertan el sentido, el plan y la finalidad de los estudios eclesiásticos y, al mismo tiempo, se sienta ayudados a fundamentar y a empapar toda su vida personal en la fe y consolidar su decisión de abrazar la vocación con la entrega personal y la alegría de espíritu.
En Morelia se quiere introducir este curso el año que viene, al paso de los alumnos del Menos al Mayor, con el fin de darles metodologías sobre los estudios eclesiásticos, buscar su madurez espiritual y provocar la opción vocacional que hasta ahora se da.
Finalmente, en la reunión del consejo presbiterial, del 22 de abril de 1985, en el informe sobre el Seminario, me tocó presentar los objetivos del Curso Introductorio. Contemplando fundamentalmente, en la línea de la revisión de estudios, tiene como objetivo importante la madurez en la fe de los alumnos y consolidar y decisión de abrazar la vocación con la entrega personal y la alegría de espíritu. En esta reunión, entregue los lineamientos sobre el Curso Introductorio para el Seminario de Morelia.
En todos estos antecedentes, quiero resaltar dos aspectos:
- El estudio minucioso que se realizó durante varios años sobre la reestructuración en el proceso formativo del Seminario, donde está incluido el Curso Introductorio.
- La participación de todo el presbiterio, a través del consejo presbiterial, en el estudio que, desde el equipo de formación del Seminario se fue impulsando sobre esta reestructuración y sobre el Curso Introductorio.
2. Datos Generales Sobre el Curso Introductorio
El Curso Introductorio propiamente comenzó con una experiencia de 4 semana, las 2 últimas de julio y las 2 primeras de agosto de 1985, para condicionar la casa y tener la primera experiencia de vida con los alumnos que integrarían por primera vez el Curso Introductorio. La inauguración oficial fue el 18 de septiembre de aquel año, contando con la presencia del Sr. Arzobispo D. Estanislao Alcaraz Figueroa, sacerdotes y una nutrida representación de alumnos del Seminario de Morelia.
El equipo sacerdotal quedó integrado por los Padres: Rogelio Rivera, como director espiritual, Gerardo Velázquez, ecónomo y, un servidor, como coordinador.
La primera meta fue la integración como equipo sacerdotal y, con los alumnos, a nivel interno y con el párroco y con la comunidad de Erongarícuaro, que tanto ama a nuestro Seminario. Después nos dimos a la tarea de echar a andar el proyecto para el Curso Introductorio, con etapas muy precisas:
- Formación Humana: abarca desde el ingreso al curso, hasta mediados de noviembre. El objetivo es conocerse, aceptarse e integrarse; presentación de los objetivos del curso, planeación y servicios concretos dentro de la comunidad. En el área académica, hay seminarios y clases de relaciones humanas; elementos de formación personal, psicológica, orientaciones vocacionales, introducción a la espiritualidad, introducción a la filosofía, formación en la fe y catequesis. En este tiempo, también se llevan a cabo las primeras experiencias en pastoral parroquial a través del equipo de sacerdotes y de los alumnos con los sacerdotes y fieles de la foranía Nº. 7 del lago, además de encuentros con los grupos apostólicos de la Arquidiócesis.
- Formación Cristiana: desde mediados de noviembre hasta el domingo de Ramos: En esta etapa, hay dos momentos fuertes de evangelización o campos de misión: en Adviento y Pascua, en estrecha colaboración con algunas de las parroquias de la región, tales como Tzintzunzan, Cuanajo, San Juan Tumbio, San Andrés, Erongarícuaro, Estación Ibarra, Etc. Se le da especial realce a la vivencia de los momentos litúrgicos de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua en comuidad, para obtener una renovación del compromiso bautismal, en torno a los principales acontecimientos de nuestra fe y así proyectarlos a la vida apostólica. Otra finalidad es hacer un discernimiento vocacional respecto a la formación sacerdotal.
En lo académico, se continua con las mismas materias, más la introducción a los Evangelios, el Seminario de creatividad comunitaria, tres momentos fuertes de oración durante las Posadas, ejercicios espirituales en enero para el discernimiento vocacional y un retiro espiritual durante el Triduo Sacro. En esta etapa, se intensifica el contacto con el ambiente de la región purépecha, a través de sus fiestas, cultura y tradiciones. - Discernimiento Vocacional: desde la tercera semana de Pascua, hasta la clausura del curso: en esta última etapa se busca lograr que los alumnos hagan su opción vocacional en torno al compromiso de ser sacerdotes, confrontada con la decisión del Obispo Diocesano y de la Iglesia, con el testimonio de los sacerdotes y los grupos apostólicos, además del conocimiento de la realidad diocesana. En lo académico, continúan las mismas materias, más las post-conciliares, sumada a un seminario de Antropología, medios de comunicación social, y un momento fuerte de oración de cinco días a fines de mayo.
A partir de este esquema fundamental han ido surgiendo precisiones, enmiendas, modificaciones, añadiduras… todo en un afán permanente de búsqueda para un mejor logro en la formación de los jóvenes seminaristas.
El objetivo general de alcanzar una formación espiritual centrada en el misterio de Cristo y de la Iglesia; profundizar en el discernimiento vocacional en un a vivencia comunitaria; iniciarse en la experiencia pastoral y adquirir una visión global de los objetivos y contenidos de toda la formación sacerdotal, no han recibido ninguna modificación. Los objetivos específicos son los que han tenido algunas precisiones.
En cuanto a la estructura y organización general, se han pretendido crear una forma participativa, creativa, de colaboración constante, a través de una actitud permanente de evaluación. Todos los formadores tienen funciones comunes y específicas que dan la fisonomía propia de equipo sacerdotal y todos los alumnos forman parte de alguna comisión, procurando la corresponsabilidad de todos en la marcha de la comunidad, en el acompañamiento vocacional y en el propio discernimiento vocacional.
También se ha pretendido, a partir de la experiencia cristiana de fe, favorecer la vida de relación que promueva valores humanos y cristianos: elemento fundamental es mantener el contacto con la propia familia (di tienen tres reuniones anuales programadas); también se busca crear en el Seminario un ambiente de familia, favorecido por la comunicación y el diálogo constante que se procura en todos sus miembros, con otras familias y la gente de la comunidad de Erongarícuaro.
Creo importante decir una palabra de tipo estadístico sobre lo que h pasado en el Curso Introductorio, en cuanto a números, durante los diez años que lleva de vida.
En diez generaciones, han pasado por el Curso Introductorio 332 alumnos. Dentro del mismo curso abandonaron el Curso Introductorio 38, definitivamente dejaron el Seminario, 137; actualmente en el Seminario Mayor, están en su formación filosófica y teológica 103, y han recibido ya la ordenación sacerdotal, 54, de las primeras cuatro generaciones que han vivido el Curso Introductorio.
Todos estos datos los podemos englobar en el comentario que hace sobre el Curso Introductorio, en el informe rectoral del curso 87-89, el P. Carlos Suárez, entonces rector del Seminario y Obispo electo de Campeche y, hoy, Obispo de Zamora.
“Precisamente, a propósito de Erongarícuaro, digamos algunas cosas de este tercer año del Introductorio. Ante todo algunas estadísticas: iniciaron el curso 38 alumnos, salieron 3 durante el año, terminaron el año 35; de estos 18 van adelante a continuar su formación en el Seminario Mayor y 1 salen, de los cuales, 14, temporalmente. Conviene notar lo siguiente: estos tres primeros años constituyen ya un buen horizonte para hacer un balance del trabajo realizado, y los padres encargados lo están haciendo para refinar y pulir cada día más esta importantísima etapa.
Es notable que el Curso Introductorio se va convirtiendo en un auténtico cernidor de los grupos en el orden vocacional y ésta es una de sus finalidades. Por diversas circunstancias, ahora salen casi la mitad, la mayoría por decisión propia.
Cada día se siente más la cercanía de la familia y de la Iglesia a través de la Parroquia. La comisión creada para éste objetivo (Iglesia y familia) fue una de las novedades del presente curso escolar. “Hasta aquí las palabras de Monseñor Suárez en ese entonces”.
Esta referencia refleja muy a las claras el proceso permanente de búsqueda y de resultados que durante los 10 años que tiene de vida el Curso Introductorio se han venido procurando.
Una breve palabra sobre el equipo formador: ha sido una etapa de búsqueda en la integración del Seminario y la Parroquia y, a causa de eso, se han caracterizado por la movilidad de los párrocos de Erongarícuaro y del equipo de Sacerdotes del Curso Introductorio. Nuestra gratitud y reconocimiento a los párrocos: Juan Manuel López, Javier Cardoso, José Luz López, Manuel Vargas y Gil Arturo Camacho, por su apoyo, integración y estrecha colaboración en la pastoral parroquial, en la formación de los alumnos y por su testimonio de vida. En el equipo sacerdotal del Curso Introductorio, el área de espiritualidad se ha visto reforzado por los padres: Rogelio Rivera, Rodrigo Aguilar, Martín Barbosa y, ahora, Jesús Rosillo. La economía se ha visto apoyada por los padres: Gerardo Velázquez, Rafael Juárez, Jesús Flores y, ahora, por Miguel Zendejas. La coordinación de todo éste tiempo estuvo bajo mi cuidado y, desde agosto del presente año, la tiene a su cargo el P. Martín Barbosa.
3. el Curso Introductorio en el seminario de Morelia
Todo lo dicho anteriormente es un excelente testimonio del lugar privilegiado que el Curso Introductorio ha venido adquiriendo dentro del proceso de formación del Seminario de Morelia y cómo ha representado un reto e impulso de renovación en la formación sacerdotal que imparte nuestra máxima casa de formación sacerdotal.
Desde la propuesta de la reestructuración en el proceso de formación, todos los formadores del Seminario estuvimos involucrados y, ya en la realización de este curso, hemos contado con la simpatía y el apoyo del equipo de formación del Seminario Menor y de Filosofía y de Teología. En muchos momentos hemos tenido necesidad de dialogar, de intercambiar y confrontar puntos de vista, de tomar decisiones en común, pero ha imperado siempre el lograr el consenso común: tenemos al principio del año el encuentro con todo el Seminario para marcar las líneas prioritarias de todo el curso y, en el transcurso del año, encuentros, convivencias, diálogo, apoyo recíproco.
Agradezco el apoyo incondición al de nuestros rectores del Seminario, P. Carlos Suárez y P. Agustín Moreno; la colaboración de algunos padres con clases, retiros, encuentros con los muchachos. También el intercambio de experiencias formativas entre las diferentes etapas de formación. Seguiremos buscando el mejor camino para establecer un proceso de formación, desde la promoción vocacional, hasta el término de la formación inicial. Y el reto significativo que se nos presenta ahora desde la formación permanente.
Sobre este aspecto quiero referirme al testimonio de las distintas generaciones de seminaristas que han pasado por el Curso Introductorio, quienes han expresado con mucha complacencia los frutos que han obtenido para su formación y lo mismo que algunos de los sacerdotes que han participado en el equipo formador del Curso Introductorio, quienes expresan con agrado su experiencia de formadores y el fruto que han podido apreciar en los muchachos. Para este trabajo, pude recabar algunos testimonios de alumnos y sacerdotes y son muy alentadores y reconfortantes en cuanto al valor de esta etapa formativa del Curso Introductorio dentro de todo el proceso de formación sacerdotal que ofrece el Seminario de Morelia.
4. El Curso introductorio en la Parroquia de Erongarícuaro, en la Región Pastoral del Lago, en la Iglesia Diocesana y en relación a OSMEX y otros Seminarios
En estos 10 años se han tenido las más diversas y variadas experiencias: se ha mejorado mucho el estado material de la casa, para lo que hemos contado con el apoyo de la Diócesis, de la Parroquia, de la Parroquias vecinas y de los amigos y bienhechores, ha sido un ir y venir de encuentros y contactos con nuestra Iglesia, que han favorecido el trabajo y el cariño por nuestra casa. Esto lo ha hecho más confortable y le ha dado un tiente de belleza y de rincón paradisíaco. Gracias a todos los alumnos, a nuestras cocineras, a los trabajadores y a todas las personas que han contribuido a este acondicionamiento y belleza de nuestra casa.
Las experiencias pastorales han sido muchas: tenemos programados momentos concretos de contacto con la gente de la Parroquia, con la cultura purépecha, con las iniciativas pastorales de la región del lago; contacto con los grupos apostólicos de la diócesis, con familias de los movimientos o de las parroquias; convivencias y diálogo vocacional con las congregaciones de religiosas. Los sacerdotes y pueblo de Dios en general han tenido una presencia muy viva y formativa dentro del Curso Introductorio.
Finalmente, una palabra en relación a nuestro contacto con OSMEX y otros Seminarios: ha sido importante el reconocimiento que hemos tenido de parte de la organización de los Seminarios de México como Curso Introductorio piloto, que ha marcado, junto con otros Introductorias, el caminar de los Cursos Introductorias en México. Me tocó ser coordinador nacional de los Curso Introductorias durante tres años y, actualmente, es el P. Martín Barbosa. Algunos de nuestros programas de clases y de nuestras formas de organización y estructura han servido de modelo para otros Seminarios. También hemos asistido a los encuentros de estudio y convivencia que cada año se tiene para formadores de Cursos Introductorios. Los formadores del Curso Introductorio han podido participar en los Cursos Básicos para los formadores de los Seminarios de México y aún algunos hemos podido realizar algunos estudios a nivel de postgrado o entrenamiento psicológico.
En cuanto a los alumnos, ha sido muy enriquecedor el contacto con seminaristas de otros Seminarios. Cada año se tiene un encuentro de varios días con alumnos del Curso Introductorio de otro Seminario: hemos compartido con Monterrey, Zamora, Toluca, León, Celaya, Querétaro, Tlaxcala y otros.
Conclusión:
Después de los datos que he podido ofrecer sobre el Curso Introductorio, quiero terminar mi exposición dando las gracias y proponiendo algunas perspectivas:
Quiero dar la gracias a Dios Todopoderoso, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que me llevaron a madurar en mi vida sacerdotal, a través de la encomienda de ser formador en el Curso Introductorio.
Ésta ha sido la gran oportunidad de enamorarme profundamente de María Inmaculada de la Salud, y reconocerla y venerarla como Patrona de nuestra Arquidiócesis. Gracias Madre Santísima, por el acompañamiento que has dado a todos los que hemos participado en esta familia de formación que es el Curso Introductorio.
Doy gracias al Sr. Arzobispo emérito, D. Estanislao Alcaraz Figueroa, sin cuya visión e indicaciones no hubiéramos conseguido fundamentar y establecer el Curso Introductorio como etapa de discernimiento vocacional en la formación sacerdotal. Gracias, D. Estanislao, por su confianza y apoyo paternal y de pastor.
Agradezco al Sr. Arzobispo, D. Alberto Suárez Inda la simpatía y benevolencia con que, desde que era Obispo de Tacámbaro, se hacía presente en nuestro Seminario de Erongarícuaro. Fue quien, como Obispo ex-alumno que nos visitaba, inició las celebraciones jubilares con el diálogo entre seminaristas y sacerdotes. Además, nos ha dado todo el apoyo y facilidades para llevar a su culminación nuestro jubileo. Dn. Alberto, tenemos la esperanza de que estas celebraciones jubilares dejen mucho fruto, sobre todo en cuanto a la participación de los de todo el presbiterio y de todo el pueblo de Dios, de nuestra Iglesia, en ka formación de los futuros Sacerdotes. Gracias n uestro padre y pastor.
Agradezco al P. Antonio Basurto el que, aún recién llegado a la rectoría, haya impulsado estas celebraciones. Es notable el gran interés que tiene por promover la integración de todas las etapas de formación del Seminario.
Agradezco a nuestros antiguos rectores, Sr. Obispo Carlos Suárez Cardoso y Sr. Cura Agustín Moreno Contreras por conducir al Seminario en los inicios de esta etapa de formación.
Gracias, equipo formador del Seminario, gracias presbiterio de Morelia, gracias amigos y bienhechores. Gracias Iglesia diocesana. Todos hemos colaborado para conseguir esta etapa de formación del Curso Introductorio en el Seminario de Morelia.
Hago votos para que esta etapa se fortalezca e institucionalice dentro del proceso formativo del Seminario. Que se conserve como una etapa de discernimiento vocacional, con una experiencia espiritual y de madurez humana que lleve a los alumnos, a través de la vida comunitaria y la experiencia apostólica, al compromiso en su formación sacerdotal. Que se reconozca como una etapa formativa en la que participa toda la Iglesia diocesana y pueda favorecer una corresponsabilidad de todo el pueblo de Dios en la formación de los futuros Sacerdotes.
Felicidades, Curso Introductorio; felicidades Seminario de Morelia; Felicidades Arquidiócesis de Morelia.
Muchas Gracias.
Don Carlos Garfias, Obispo de Ciudad Nezahualcoyotl