Maurice Blondel, vida y obra
1. Maurice Blondel
1.1.Vida y Obra.
Maurice Blondel nació en la ciudad francesa de Dijón el 2 de noviembre de 1861[1], en el seno de una familia de la burguesía, profundamente católica, pasó una infancia protegida y rodeada de cariño y muy pronto se sintió llamado al sacerdocio, aunque también, siguiendo los consejos de su director espiritual, siempre se negó a satisfacer este deseo de su corazón[2].
Blondel no acabó sus estudios de enseñanza secundaria, como se hubiera esperado, en el colegio de los jesuitas de reciente fundación de su ciudad natal, sino en el Liceo oficial de este lugar, y obtuvo después en la Universidad de Dijon la licenciatura en Letras.
Tras obtener en su propia ciudad natal la licenciatura en Letras y el bachillerato en Derecho, se trasladó en
Los dos años que estuvo en la École Normale Supérieure supusieron también el encuentro con la “increencia razonada” que seguía experimentando el influjo de E. Renan y otros[6]. Este ambiente trajo a Blondel sufrimientos físicos y morales, pero con ellos, la conciencia de que había que realizar un trabajo filosófico en el que racionalidad y fe no aparecieran contrapuestas, sino reconciliadas.
El primer contacto con la filosofía se lo había transmitido en el Liceo Alexis Bertrand, editor y comentarista de Maine de Biran y autor de un diccionario de filosofía, que defendía una especie de vitalismo pansiquista de carácter leibniziano[7]. Bajo su dirección Blondel estudió por primera vez a los antepasados y a los principales representantes del espiritualismo francés, pero también a Kant y a Spencer, los filósofos entonces de moda. En el sentido de Ollé compuso, junto con su amigo Henri Ricaud, para un concurso su tema De la place du libre arbitre dans la certitude, que luego fue también de hecho premiado y publicado, a la cual se le referiría como la primera obra, pseudónima, de Blondel[9].
Así, pues, Blondel entra en la École Normale con su plan de trabajo ya perfectamente diseñado, pero no sólo de su tesis doctoral, sino de la obra de su vida. En el fondo de este plan está la idea del sacerdocio como antes se mencionaba, entendido como apostolado intelectual. Desde entonces para él su aspiración era, conocer la situación interna de los enemigos de la fe, para poder influir sobre ellos más eficazmente[10].
En 1886, Blondel tuvo una breve experiencia docente en los liceos de Chaumont, Montauban y Aix en Provence sucesivamente, al mismo tiempo que seguía madurando el tema de su tesis doctoral[11]. Sin embargo, en los años siguientes de estudio en la École Normale y de esta actividad docente, Blondel aprendió que no basta hablar el lenguaje de los filósofos increyentes y presentarles filosóficamente verdades de catecismo traducidas. Era necesario penetrar en las formas mismas del pensamiento autónomo de la filosofía, partiendo de una especie de duda metódica de toda certeza de fe, mostrar la racionalidad de la praxis de la fe católica[12]. En 1889 obtuvo un permiso para dedicarse a la redacción de las tesis latina y francesa que se requerían entonces para obtener el doctorado.
Para esta catarsis filosófica de sus planes apologéticos le ayudó a Blondel no tanto su venerado maestro Ollé Laprune, quien incluso echó de menos en su obra precisamente este último rigor filosófico, sino sobre todo el director de su tesis doctoral Emile Boutroux, discípulos de E. Séller, quien abrió a Blondel otros horizontes filosóficos y particularmente le puso en contacto también con la filosofía alemana[13].
En su investigación, Blondel quería afrontar la raíz del “problema humano” y ofrecer una solución global y válida para toda persona rigurosa. El tema de la tesis –La Acción- le había sido admitido no sin problemas. Al proponer la acción como la cuestión a investigar, fue rechazada su solicitud por las autoridades académicas, ya que, como se le informó, la filosofía se ocupaba del pensamiento, no de la acción[14]. Tras dar razón de sus intenciones le fue admitido el tema e incluso encontró el aliento de persona tan significada como Lucien Herr, quien, sin embargo, intuía la dificultad de la empresa y dudaba de que en una tesis sobre la acción pudiera aparecer con derecho ni un solo nombre propio. La tesis doctoral fue defendida en una sesión memorable el 7 de junio de 1893, y el mismo año fue publicada, aunque no exactamente con el mismo texto que la defendida como tesis[15].
Con la publicación deLa Acción , Blondel daba comienzo a una producción filosófica abundante y variada. Bastantes autores han mostrado su opinión a favor de la unidad de la obra de Blondel, mientras que otros descubren cambios esenciales en su pensamiento, y hablan de las obras del “joven Blondel” distintas de las del Blondel maduro[16]. Un dato externo puede iluminar la cuestión y solventarla en el sentido de que hay al menos dos momentos en la producción intelectual de nuestro autor.
Blondel publicó La Acción dos veces, sin que la segunda se pueda considerar simplemente como una edición corregida y aumentada; además de la obra de 1893 de la que venimos hablando, en los años 1936-1937 aparecieron dos volúmenes con el mismo título de La Acción[17]. Con esto se manifiesta de que Blondel ha experimentado una evolución a lo largo de su vida intelectual. A esa evolución ha contribuido, sin duda, la maduración de un pensamiento como el blondeliano, para el que la filosofía no se puede desentender del dinamismo que caracteriza a la realidad. Ha influido también la vivencia personal que el filósofo tuvo de los diversos hechos históricos en los que se vio envuelto a través del tiempo.
Blondel, dejando en segundo plano las elaboraciones conceptuales o racionales, se vale preferentemente de un conocimiento de marcado carácter intuitivo, que él llama con frecuencia conocimiento concreto, el cual se obtiene observando no aislada o estáticamente a los seres, sino en un dinamismo o acción, y añadiendo a este estudio el influjo voluntario u opción[19].
Al estudiar así el Pensamiento, encuentra Blondel que su mismo impulso natural rompe todos los límites materiales y finitos para elevarse al Pensamiento Infinito, Dios, sin el cual quedaría inexplicado este profundo dinamismo de nuestro mismo pensar[20].
En este estilo de pensamiento de Blondel podemos distinguir tres períodos que expresa claramente en el recorrer de su obra. El primero es el período apologético, que va desde 1893 hasta 1907. Este período tiene su comienzo en la misma estela de La Acción. El comienzo de esta obra colocó de manifiesto la necesidad de examinar cuidadosamente y con mayor claridad las relaciones entre racionalidad filosófica y fe[21]. Por esta razón tuvo la necesidad de detenerse y profundizar las cuestiones filosóficas directamente relacionadas con la creencia, hasta el grado de que los escritos blondelianos se sitúan predominantemente en ese terreno intermedio en el que se encuentra la fe y la razón, es decir, en el campo de la apologética[22].
Las dos obras de Blondel más importantes durante este período son la Lettre sur l´apologétique (1896) e Historie et Dogme (1904), que vienen a ser como el momento especulativo y el momento histórico, respectivamente, de la argumentación apologética blondeliana.
El segundo período de la vida y obras de Blondel puede ser considerado de transición. Las abundantes intervenciones polémicas de los años anteriores se ven reducidas, tanto por un deseo de cautela como por una mayor serenidad en los planteamientos, siempre dentro, de todos modos, del designio fundamental representado por la filosofía de la acción[24]. Este período llega aproximadamente hasta la segunda década del siglo XX, y durante éste mismo siglo, Blondel era ya un autor conocido que contaba no sólo con partidarios, sino también con discípulos. Ahora se podía ya hablar de blondelismo, entendido con este término la corriente de pensamiento que asume los postulados fundamentales de la filosofía de la acción[25].
En el tercer período, que llega hasta la muerte del filósofo, aparecieron las largas obras que comenzaron con los dos volúmenes de La Pensée (1934), a los que siguieron L´Entre et les étres (1935), L´Action (2 volúmenes: 1936-1937) y la Philosophie et l´Esprit Chrétien (2 volúmenes: 1944-y 1946) [26].
Esta es una trilogía que tenía la pretensión de ser su magna obra. En realidad es una Summa rica en sugerencias y reflexiones que tocan un poco toda la historia de la filosofía, también da una crítica del intuicionismo bergsoniano y del actualismo de Gentile, pero en conjunto de escasa originalidad[27].
“Blondel rehace el fenomenismo de Renouvier teologizándolo neoplatónicamente, en donde se sirve de dos principios: del pensamiento noético, como él lo llama; pero lo coloca extrañamente en el centro del cosmos, y del pensamiento pneumático, sobre el que aquél vuelve, concentrándose. De otra parte está el principio teológico, trinitario, que opera ya ocultamente en el seno del mundo de la naturaleza, pero que acompaña su ascensión hasta el mundo humano”[28].
En 1950, un año después de la muerte de Blondel, salió a la luz Exigences Philosophiques du Christianisme[29]. En estas obras, se proponía ofrecer una visión completa de la filosofía articulada sobre las tres grandes cuestiones en que desde el principio había esquematizado el problema humano como antes ya se había mencionado: pensar, actuar y ser[30].
Varios críticos católicos aún opusieron a la trilogía de Blondel serios reparos, especialmente por su anticonceptualismo y excesivo voluntarismo, que dan un cierto matiz irracionalístico a toda su obra[31]. Pero él, incansable y matizando cada vez más sus expresiones, inició la publicación de una nueva obra, antes mencionada con el título de La Filosofía y el Espíritu Cristiano, enlace de las sugerencias racionales más atrevidas con la grandiosa síntesis, tan aliviadora para el espíritu humano, que nos es dada por la Revelación [32].
Esta obra que fue la última, tiende a justificar el plan providencial del mundo en la libertad que deja a los hombres y en los riesgos y los recursos que les ofrece[33]. Pero el interés filosófico de esta obra es casi nulo. El primer tomo de esta trilogía mereció en 1945 una carta del Cardenal Luigi Maglione, quien fura el secretario de Estado de Pío XII, que con ciertas reservas alaba este monumento de apologética.
El pensamiento blondeliano de esta tercera época se halla ya muy matizado, aunque siempre en su línea propia. Este hecho ha provocado indirectamente la revalorización de los escritos del Blondel joven, es decir, del primer período, en los que se aprecia la frescura de intuiciones originales y ricas, aunque no dejen de considerarse al mismo tiempo sus limitaciones[34].
Podemos mencionar que esta historia de su génesis se puede documentar tan minuciosamente como casi en ninguna otra obra filosófica. El mismo Blondel guardaba cuidadosamente todo el material que iba preparando, posiblemente porque era consciente, según su propia confesión, de que la extensa obra no había podido agotar plenamente las sugerencias y las ideas de la época en que la preparó[35]. Esto tampoco lo consiguió cuando Blondel, ya en la jubilación y perdida la vista intentó dictar su legado filosófico en esta extensa y variada obra.
La obra de Blondel, a pesar de su unidad de conjunto, quedó inacabada, y quizá precisamente por esta razón constantemente salen de ella nuevas y fecundas sugerencias.
La filosofía de la acción blondeliana continúa la tradición del espiritualismo francés, que tuvo su primer impulso en Maine de Biran y floreció en sus grandes pensadores hasta Boutroux, oponiéndose con empeño al positivismo. Pero su espiritualismo es netamente cristiano; él trató de construir una filosofía cristiana en contraste con los movimientos filosóficos de la época, si bien con independencia del sistema tradicional aristotélico-tomista[36].
La influencia general de Kant se trasluce en la aversión de Blondel al racionalismo abstracto de la metafísica, su tendencia al conocimiento concreto que brota de la inmanencia subjetiva y, sobre todo, en las exigencias morales de la razón práctica, que alcanza más directamente que el simple conocer teórico las realidades trascendentes. Pero no dejó de elevarse contra el cristicismo Kantiano, que implica la ruina de la razón teórica y del mismo conocer práctico. Una inspiración particular de la actitud espiritual de Blondel a de verse en las ideas de Pascal, en la crítica de éste a la razón abstracta y al conocimiento que no desemboca en la acción y amenaza con ser obstáculo en el camino de la verdad y del amor[37]. Y, por otra parte, es notoria la influencia del dinamismo de Leibniz en la concepción blondeliana de los seres finitos.
Se han de señalar de manera especial dos pensadores más cercanos a los que se vinculan algunos de los motivos de la filosofía de Blondel. El cardenal Juan Enrique Newman y como ya antes se había mencionado la figura de su maestro León Ollé Laprune[38].
Las obras de Blondel son todas extremadamente prolijas y dominadas por un explícito intento apologético, que hace en muchos puntos incierta la filosofía de su autor. Cada una de ellas tiene la pretensión de verificar una reconstrucción total, necesaria y completa, de toda la realidad finita y humana, hasta el límite en el cual encuentra su complemento en lo sobrenatural y trascendente[39]. Blondel murió en
1.2.Doctrina de la Inmanencia.
Con el pensamiento moderno se opera una nueva inversión del concepto de inmanencia, que pretende ser síntesis y superación de la inmanencia tanto del pensamiento clásico como del dogma cristiano: es la que puede llamarse la inmanencia constitutiva. En contraste con el principio de Parménides según el cual «sin ser no hay pensar»[41].
En su significado metafísico absoluto, la inmanencia es la propiedad misma de la divinidad, en cuanto que Dios es el esse subsistens por esencia (ser subsistente por esencia) y por tanto, plenitud de vida, acto perfecto y primer principio, como ya Aristóteles llegó a entrever[42].
El pensamiento moderno utiliza una fórmula más técnica, puede decirse que la esencia del principio moderno, en cuanto afirmación de posición de la inmanencia en relación al ser, no puede consistir más que en la negación de la trascendencia en el conocer (trascendencia que constituye al mismo tiempo la primera valencia de la libertad y el primer paso del teísmo en su significado fundamental).
Así, el principio moderno de inmanencia coincide con la promoción de la subjetividad humana a fundamento de la verdad y de los valores, y esto según toda la amplitud de la pertenencia del ser al pensamiento. Así, el cogito ergo sum de Descartes[43], en cuanto sigue a la duda radical, subordina el ser al pensamiento humano y termina por disolver la verdad en el simple devenir de la naturaleza y de la historia. Otro tanto puede decirse de la línea empirista, en la que el principio de inmanencia, precisamente por una más adecuada interpretación del cogito como acto de la percepción, ha llegado más radical y rápidamente a la eliminación de la metafísica del Absoluto[44].
La religiosidad protestante se ha comprometido hasta la raíz con el principio moderno de inmanencia, con la obra del pietismo. En el campo católico, el episodio más grave de la aplicación del principio y método de inmanencia a la Teología lo ha constituido la herejía del modernismo. En cambio, el método de inmanencia tal y como fue desarrollado por Blondel ha de entenderse más bien en la línea de la distinción entre conocer y querer, para la fundamentación del acto de fe.
Blondel en alguna de sus reseñas describe la historia del spinozismo, pasando por Kant y los poskantianos, hasta Hippolyte Taine, como la historia del concepto de inmanencia y describe cómo éste ha ido pasando de una concepción doctrinal a otra metodológica. En resumen se dice que la tarea de la filosofía consiste hoy en utilizar el método de la crítica inmanente para presentar las verdades trascendentes[45].
1.2.1. Método de la inmanencia en Blondel
La filosofía de Blondel está condicionada por el ambiente intelectual de su época y cuyos problemas trató de resolver. Se vivía en la era postkantiana, en que dominaba el principio de la inmanencia de la conciencia. La doctrina de Kant había lanzado un descrédito total para todo conocimiento racional de las realidades trascendentes, y este descrédito había sido remachado por el positivismo y la psicología empirista[46].
La filosofía debía partir de la inmanencia de los fenómenos, desconfiando del contenido trascendente de los conceptos racionales. Este principio de la inmanencia, se había infiltrado también en los medios de la filosofía y la teología católica, dando lugar a la corriente modernista[47]. La doctrina de la inmanencia rechazaba toda realidad trascendente y toda revelación extrínseca, y buscaba en el hombre mismo, en la fuente de su experiencia interior, el origen y la frontera de los conocimientos filosóficos y religiosos.
Tenemos que mencionar que la persona de Blondel existe un convencimiento en relación a su fe y quiere devolver la fe católica a tantos espíritus desviados por el agnosticismo moderno. Su intención es netamente apologética, pero quiere construir una verdadera filosofía que, partiendo de los mismos presupuestos criticistas, pueda superar las raíces mismas del inmanentismo y mostrar a los hombres el camino de su destino trascendente en la fe. Si los filósofos se basaban en la inmanencia para toda investigación, tomaría este mismo punto de partida para hacer ver que, aun en el interior del hombre, toda realidad inmanente implica la afirmación de lo trascendente por la misma virtualidad superadora que en sí encierra, de suerte que una inmanencia total queda excluida. Para ello va a prescindir de si los conceptos tienen o no un alcance metafísico, y tomar como punto de partida el dinamismo de la acción entera del hombre[48].
Blondel inaugura así el llamado método de la inmanencia, que es la documentación de la trascendencia, en cuanto es posible también desde un punto de vista filosófico[49], del cual abusarían algunos modernistas. En referencia a este método declara a su discípulo:“Mi intención ha sido siempre establecer que un método de la inmanencia, íntegramente desarrollado, rechaza la doctrina de la inmanencia”[50].
Más, como se ve en esta y otras declaraciones, su posición inmanentista es puramente metódica. No acepta la doctrina de la inmanencia con el modernismo, sino como un punto de partida, como una posición abstractiva para demostrar, sin salir del conocimiento inmanente del yo fenoménico, que una inmanencia total es absurda, porque los actos inmanentes exigen un trascendente[51].
Por la inmanencia trataba de destruir la misma inmanencia, llegando al reconocimiento de la realidad fuera del pensamiento y a la ascensión hasta Dios. Además Blondel trataba de darse un lugar a las exigencias de la experimentación, satisfaciendo al positivismo, caracterizándose por esa relación con la trascendencia y esa correlación del hombre con Dios, siendo una escala dialéctica de ascensión hasta Dios[52]. Aquí se puede mencionar que por la misma experimentación con la que pretendía Comte destruir toda metafísica, Blondel se propone llegar a conclusiones metafísicas. Así, utilizando el mismo proceso de la filosofía inmanente, trataba de refutar el inmanentismo moderno.
Este método se presenta de una forma general. Ahora podemos mencionar que los caminos utilizados para la realización de este método son diferentes de los de la filosofía tradicional. Es debido presentar algunos rasgos del método, que aparecen de continuo en sus reflexiones.
Primero puede llamarse, un método dialéctico. Aquí debemos de tomar en cuenta que la dialéctica expresa el movimiento del espíritu que es llevado a pasar de una verdad a otra, de un fenómeno a un hecho. Pero a diferencia de Hegel, Blondel cree que la dialéctica real es la de la voluntad, no de la razón[53].
Segundo, será también una método de implicación, porque el ser activo puede considerarse como sacando de sí sus virtualidades, en un despliegue de todas sus potencialidades. Tal metódica corresponde al dinamismo del ser y de todos los modos de la acción, que Blondel tanto exalta[54].
A lo dicho anterior le hace correspondencia un método de integración siendo la exigencia, cara al espiritualismo cristiano francés, de empeñar todo el ser, mente, voluntad, corazón, en la indagación de la verdad, porque, si no se vive la vida moral en plenitud de adhesión, no se podrá conseguir la verdad. Así, la filosofía de Blondel se centra en los tres problemas: del pensamiento, del ser y de la acción[55].
Pero la característica fundamental del método de Blondel, en lo que se refiere a su gnoseología, es su marcada tendencia voluntarista, la acentuación de un conocimiento afectivo y viviente de lo real sobre el conocimiento racional y abstracto, con cierta inclinación hacia el intuicionismo. Con esto se muestra que Blondel ha tomado de Newman y Ollé Laprune la distinción entre conocimiento especulativo y el conocimiento viviente o real y también ayudado en los textos de San Agustín, en donde toma la intención apologética y preocupación moralista de su filosofía, toda centrada en lo Único necesario del destino humano, y en la aceptación de la teoría de la iluminación[56]. Este método utilizado por Blondel no tiene nada en común con la doctrina de la inmanencia característica del modernismo, representa incluso lo contrario, ya que sienta como principio que las verdades que hay que creer son trascendentes[57].
1.2.1.1. Controversias en torno al método de la inmanencia
La obra de Blondel titulada La Acción, recibió varias críticas. Las primeras críticas del lado católico fueron en general favorables. Pero a partir de una comentario hecho del abad Denis, quien colocó a Blondel en una nueva corriente apologética, el cual trajo estragos en la persona de Blondel. Además que desarrollaba la filosofía cristiana basándose en la psicología. Con esto Blondel llevó a cabo una rectificación, ya que Apologética era una palabra irritante y de gran controversia en aquellos años. Blondel fue considerado apologeta, pero tuvo que dejar claro que su obra La Acción no podía malinterpretarse en sentido psicologista y que el problema de la religión le interesaba como filósofo y no como apologeta desde el punto de vista de la fe de la Iglesia [58].
El método de la inmanencia se dirigía en primer instancia a la orientación interna de la naturaleza del hombre al don de la gracia, y Blondel expone el método de la inmanencia que empleó en la obra y que se puede resumir así:
“La coordinación de todos los objetos de la voluntad, sus fenómenos, en una estructura coherente global, cuya realidad depende de una opción fundamental, en definitiva, por Cristo, como hacedor de todas las cosas”[59].
Blondel explica que la necesidad, tan nombrada en este método, refiriéndose a la necesidad de perfección, de opción, del don de la gracia, no significa sencillamente otra cosa que nuestras ideas deben organizarse inevitablemente en una estructura coherente global. Este determinismo, que es precisamente la base del uso de la libertad, es el que le permite a la filosofía justificarse como ciencia[60].
A través de cada una de las controversias suscitadas por el método de la inmanencia de Blondel, finalmente, cuando en 1899 un cierto abad Mano defendió el método de la inmanencia en el Instituto Católico de Toulouse en una tesis sobre Le problème apologétique, provocando así nuevas controversias, Blondel se vio obligado a intervenir él mismo para aclarar las cosas.
La inmanencia se convirtió en una signo característico del modernismo y como tal fue condenada por la encíclica Pascendi. Sin embargo, propiamente contra el método de la inmanencia, sólo se pronuncia una amonestación, pero no una condena. De aquí que Blondel dio testimonio de no haber sido condenado por la encíclica. Esto mismo le fue confirmado a Blondel cinco años más tarde por Pío X, cuando éste le hizo saber, a través del obispo de su diócesis, que estaba seguro de su ortodoxia[61].
1.3. Modernismo
“La revolución doctrinal, llamada Modernismo, no fue obra de un solo hombre, sino que varios católicos, casi todos ellos eclesiásticos, de diversas naciones, unidos entre sí por la mismo tendencia, las mismas fuentes en que se inspiraron y el frecuente intercambio epistolar; desparramaron en sus obras los materiales que, reunidos por la Iglesia en un sistema, fueron condenados por ella con el nombre de modernismo”[62].
Vinculado con la filosofía de la acción y con el método de la inmanencia de Blondel, el modernismo es un movimiento de carácter religioso que nació en Francia a principios del siglo XX, y que fue de inmediato condenado por el papa Pío X, a través de la encíclica Pascendi del 8 de septiembre de 1907. Los principales representantes del modernismo fueron el abad Lucien Laberthonnière y Alfred Loisy. Aquí Lucien compara la filosofía griega, que convierte a Dios en idea suprema y arquetipo de la naturaleza, con el descubrimiento cristiano del sujeto[63].
En Ensayos de Filosofía religiosa, se afirma que la revelación no se puede imponer al hombre desde fuera, apelando a la autoridad o por medio de una demostración racional. La verdad religiosa debe surgir de la interioridad del hombre: la verdad de la revelación sólo tiene valor para el hombre a condición de que éste la recree por su propia cuenta[64].
El modernismo afectó más directamente a la Teología que a la Filosofía; pero no dejó de tocar a los fundamentos filosóficos de la teología. En una reacción comprensible y justificada a las tendencias estrechamente conservadoras sobre todo de Francia, son muchos los que abogan por una ciencia estrictamente racional dentro del espíritu de su época, comprometiéndose en exceso con la mentalidad histórico-crítica así como psicologista, historicista o subjetivista, con lo que pone en entredicho las bases de la fe cristiana [65].
En otras palabras, el modernismo buscó una combinación entre el dogma y la subjetividad humana, y entre la verdad suprahistórica de la revelación cristiana y la evolución histórica de la humanidad. Los modernistas, sin duda, no se limitaron a identificar el plano sobrenatural con el plano de la historia y el hombre, sino que trataron de establecer, un encuentro entre ambos planos, cosa que no es tan fácil de resolver. En cualquier caso, el rechazo de la filosofía griega y de la filosofía tomista como clave interpretadora de los textos sagrados, la idea de que la verdad se va configurando perjuicio de la razón, y la consiguiente aceptación del método de la inmanencia como instrumento apologético, la idea de que la esencia de la vida religiosa hay que buscarla en la experiencia moral, así como la áspera polémica antieclesiástica (Jesús anunciaba el Reino, pero lo que llegó fue la Iglesia), constituyeron motivos suficientes, a criterio de la Iglesia, para condenar el movimiento modernista [66].
En ese contexto se encuentra Blondel, que anteriormente se hacia referencia la gran excitación causada por su obra La Acción, provocando también que se le relacionará con la disputa acerca del modernismo, aunque personalmente no compartía sus tesis. En consecuencia se esfuerza Blondel por demostrar, sobre la amplia base metafísica que se apoya en un análisis del obrar humano, las implicaciones y los supuestos trascendentes del mismo para conducir hasta la fe cristiana [67].
Con pleno derecho afirma, pues, la Iglesia que los modernistas no poseen ningún sólido cimiento filosófico, sino que están completamente penetrados por las envenenadas doctrinas difundidas por los enemigos de
[68].
El modernismo es un ejemplo de cómo va a parar el monismo vago y agnóstico, es decir, al ateísmo, la filosofía que desprecia el pensamiento tradicional y abraza las teorías modernas[69].
[1] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción” ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica, Ed. BAC, Madrid 1996, p. XIII.
[2] Cfr. Henrici Peter, “Filosofía Cristiana” en el pensamiento católico de los siglos XIX y XX, Tom. 1, Ed. Encuentro, Madrid, 1993, p. 525.
[3] Cfr, p. 525.
[4] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XIII
[5] Cfr. p XIII.
[6] Cfr. p XIII.
[7] Cfr. Henrici Peter “Filosofía Cristiana”, op. cit. p. 526
[8] Ibid, p. 526.
[9] Cfr. p. 526.
[10] Cfr. Ibid, p. 527.
[11] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XIII
[12] Cfr. Henrici Peter “Filosofía Cristiana”, op. cit. p. 527
[13] Cfr. Ibid, p. 527.
[14] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XIV.
Cfr, p. XIV.
[16] Cfr. Ibid, p. XV.
[17] Cfr. Ibid, p. XVI.
[18] Cfr. p. XVI.
[19] Cfr. Klimke Federico y Colomer Eusebio, “Historia de la Filosofía”, Ed. Labor, Barcelona-Madrid, 1953, p. 833.
[20] Cfr. p. 833.
[21] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XV.
[22] Cfr. Ibid, p. XVI.
[23] Ibid, p. XVI.
[24] Cfr. p. XVI.
[25] Cfr. Ibid, p. XVII.
[26] Ibid, p. XVII.
[27] Cfr. Fabro Cornelio, “Historia de la Filosofía”, Tom. II, Ed. Rialp, Madrid-México, 1954, p. 364.
[28] Ibid, p. 363.
[29] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XVII.
[30] Cfr. p. XVII.
[31] Cfr. Klimke Federico y Colomer Eusebio, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 833.
[32] Cfr. p. 833.
[33] Cfr. Abbagnano Nicolás, “Historia de la Filosofía”, Tom. III, Ed. Montaner y Simón, Barcelona, 1978, p. 381.
[34] Cfr. Blondel Maurice, “ La acción”, op. cit. p. XVII.
[35] Cfr. Henrici Peter “Filosofía Cristiana”, op. cit. p. 525
[36] Cfr.Urdanoz Teófilo, “Historia de la Filosofía”, Tom. VI, Ed. BAC, Madrid, 1988, pp. 264-265.
[37] Cfr. p. 265.
[38] Cfr. p. 265.
[39] Cfr. Abbagnano Nicolás, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 378.
[40] Cfr. Verneaux Roger, “Historia de la Filosofía Contemporánea”, Tom. XI, Ed. Herder, Barcelona, 1984, p.163.
[41] Ibid. Gutiérrez Sáenz Raúl, “Historia de las Doctrinas Filosóficas”, Ed. Esfinge, México, 2003, p. 34.
[42] Cfr. Ibid, p. 58.
[43] Cfr. Ibid, p. 98.
[44] Cfr. http://www.arvo.net
[45] Cfr. Henrici Peter “Filosofía Cristiana”, op. cit. p. 547.
[46] Cfr. Urdanoz Teófilo, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 269.
[47] Cfr. p. 269.
Cfr. Ibid. pp. 269-270.
[49] Cfr.Fabro Cornelio, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 364.
[50] Ibid. Urdanoz Teófilo, “Historia de la Filosofía”, op. cit. Ibid, p. 270.
[51] Cfr. p. 270.
[52] Cfr. p. 27.
[53] Cfr. Reale Giovanni y Antiseri Dario, “Historia del Pensamiento filosófico y científico”, Tom. III, Ed. Herder, Barcelona, 1992, p. 621.
[54] Cfr. Urdanoz Teófilo, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 271.
[55] Cfr. Reale Giovanni y Antiseri Dario, “Historia del Pensamiento filosófico y científico”, op. cit. p. 622.
[56] Cfr. Urdanoz Teófilo, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 272
[57] Cfr. Verneaux Roger, “Historia de la Filosofía Contemporánea”, op. cit, p. 173.
[58] Cfr. Henrici Peter “Filosofía Cristiana”, op. cit. p. 549.
[59] Ibid, p. 550.
[60] Cfr. p. 550.
[61] Cfr. p. 554.
[62] Ibid. Domínguez P. Dionisio, “Historia de la Filosofía”, Ed. Sal terrae, Santander, 1958, p. 435.
Cfr. Reale Giovanni y Antiseri Dario, “Historia del Pensamiento filosófico y científico”, op. cit. p. 623
[64] Cfr. Ibid. p. 623.
[65] Cfr. Coreth E. “La filosofía del siglo XX”, Ed. Herder, Barcelona, 1989, p. 125.
[66] Cfr. Reale Giovanni y Antiseri Dario, “Historia del Pensamiento filosófico y científico”, op. cit. p. 624.
[67] Cfr. Coreth E. “La filosofía del siglo XX”, op. cit. p. 126.
[68] Cfr. Klimke Federico y Colomer Eusebio, “Historia de la Filosofía”, op. cit. p. 832
[69] Cfr. Ibid. p. 832.
