Yo, Edith Stein

Por Francisco Armando Gómez Ruiz
1. Yo, Edith Stein
¿Cómo presentar la vida de tan gran mujer? ¿Cuáles han de ser las líneas a escribir sobre la vida de Edith Stein? Lo mejor será que ella misma nos cuente su historia, que la bastísima herencia que nos ha legado nos muestre y descubra el verdadero rostro de aquella mujer que aún en medio de una cultura machista filosófica y de una gran intolerancia judía, fue capaz de romper con los esquemas y lanzarse en busca de la luz, de la verdad, la cual pudo atestiguar y defender con su propia vida. Este primer capítulo nos mostrará el espíritu inquieto e investigador de una mujer que se decidió a meterse en el laberinto de la Filosofía y que tuvo la astucia de salir de él con la Verdad. Esta es la biografía de Edith Stein.
1.1 Infancia (1891- 1905)
Edith nace en el seno de una familia judía que gozaba de algunas comodidades, pues a pesar de ser una familia de once hijos, la situación económica era sólida, pues el señor Siegfried Stein y la señora Auguste Courant, padres de Edith, tenían un estupendo negocio de madera[1]. Edith es la más pequeña de los once hijos, aunque cuatro de ellos mueren a muy temprana edad. Nace el 12 de octubre de 1891 en Breslau, Alemania, lugar en el que viviría su infancia en compañía de sus hermanos y hermanas. Para la señora Auguste la fecha de nacimiento de Edith es muy significativa, pues este día los judíos celebran “el Yom Quipur, el día de la reconciliación, cuando terminan las celebraciones judías de año nuevo”[2]. Recordemos que este era el único día del año en el que el sacerdote entraba en el sancta sanctorum del templo de Jerusalén para ofrecer un sacrificio. De esta manera la madre de Edith ya se imaginaba un futuro deslumbrante para la más pequeña de sus hijas: Edith. Sin embargo, Edith, que gozaba de bastante compañía familiar, a la edad de dos años, el 10 de julio de 1893, sufre la pérdida de su padre por causa de una insolación ocurrida en un viaje de negocios; así la señora Auguste se hace cargo de todo el peso económico, religioso y moral de su familia, que ya nada más constaba de siete hijos[3]. Este suceso será importantísimo para la personalidad que Edith adoptará, pues al crecer en medio de casi puras hermanas y una madre que supo salir adelante con mucho éxito, su visión será sumamente feminista.
El 12 de octubre de 1897, a los seis años de edad, fue un día muy especial para Edith, pues inicia a ir a la escuela, lugar en el que demuestra que tiene una gran facilidad para retener conocimientos, nombres y, ante todo, deslumbra por su inquietud de conocer. A los ocho años inicia los estudios primarios en la escuela Viktoriaschule, con la compañía de su hermana Erna, año y medio mayor que ella[4].
En esta etapa en que comenzó sus estudios primarios Edith poseía gran capacidad intelectual, pues leía mucho. Sus virtudes para el estudio eran muy bien apreciadas por su familia, lo cual “formó en Edith un orgullo indomable, cuya tensión se deshacía en lágrimas de rabia cuando no alcanzaba lo que deseaba”. Indudablemente esta descripción nos habla de una niña muy extrovertida, sin embargo, a los siete años se da el primer cambio en Edith, pues ella misma, tras un razonamiento intelectual de su vida, nos dice: “No sabría nombrar una causa externa. No me lo sé explicar sino es porque entonces me enseñoreó el uso de la razón… Parecía desaparecida la antigua obstinación, en los años siguientes fui una niña dócil”[5]. Durante su infancia, tres rasgos caracterizarán toda su vida infantil:
1 Su gran personalidad y vivacidad de su espíritu, gracias a la intervención de lo que ella llama: mundo oculto .
2 Su gran curiosidad por saber cada vez más y de mejor manera .
3 La gran fineza para con su madre y hermanos[6].
Edith continúa sus estudios primarios hasta 1906, año en que decide no continuarlos, pues teniendo 13 años comienza su adolescencia, etapa que es muy dura para ella, pues surge la necesidad de plantearse ideales y metas a conquistar. Sin embargo, durante su infancia, había claras convicciones morales, pues ella decía que era necesario renunciar al vicio del alcohol “para no perder por culpa propia nada de mi libertad de espíritu ni de mi dignidad humana”[7]. Los valores religiosos poco a poco comenzaron a ir decayendo hasta que ella y sus hermanos los cumplían por mero compromiso con su madre[8].
1.2 Adolescencia y juventud (1906-1921)
A los 15 años Edith Stein decide marcharse de Breslau para ir a casa de su hermana mayor Else, que vivía en Hamburgo. Else era una mujer casada, y Edith hacía algún tiempo que había ido a visitarla, pero esta vez estaba decidida a quedarse por largo tiempo para acompañarla, ayudarla, aprender a cuidar la casa y a cuidar a los niños. Durante este tiempo Edith aprende muchas cosas de su hermana y se van perfilando más claramente algunas características de su personalidad, tales como una inteligencia aguda, voluntad fuerte, responsabilidad y servicio desinteresado[9]. Claro está que los diez meses que pasó en la casa de su hermana fueron muy significativos, pues repercutieron bastante en su vida religiosa, a tal punto de que se declara a-religiosa y atea[10]. Claro que esta revelación no la dijo en su momento, sino después de algunos años, cuando por fin había podido encontrar sentido a su existencia, pues ya en su etapa madura confesará que fue atea de los 13 a los 21 años de edad, pues le era imposible creer en la existencia de un Dios personal.
Una vez que termina su estancia en Hamburgo, decide regresar a Breslau para retomar sus estudios y poder culminarlos en 1908. Pero para lograr este cometido se prepara durante medio año con maestros particulares en las materias de Matemáticas y Latín, para después ingresar al bachillerato con la plena confianza de estudiar después una carrera profesional. Logra terminar su bachillerato a principios de 1911 a la edad de 20 años. El lema que condujo sus estudios en el bachillerato fue la siguiente frase de una de sus compañeras: “La vida es dura y quita tiempo”[11]. Durante estos estudios realizados en el bachillerato de la Viktoria-Schule de Breslau, conoce a algunas amigas de otras religiones, incluso se hace muy amiga de una chica sumamente católica, con la cual nunca hablaba de religión[12].
En abril de este mismo año Edith está decidida a ingresar a la universidad de su ciudad y escoge las materias de Germanística, Historia, Propedéutica Filosófica y Psicología[13]. En esta universidad dura dos años, en los cuales toma clases de Psicología Experimental, siendo ella la única mujer. Transcurridos los dos años, en 1912, decidió trasladarse a Göttingen por razones que ella misma revela:
“En mi cuarto semestre saqué la impresión de que Breslau no tenía nada que ofrecerme y que necesitaba nuevos estímulos. Objetivamente esto no era verdad. Pero sentía dentro una fuerza que me urgía a partir… Conocí la Filosofía, leí a Husserl, conocí la fenomenología y decidí ir a Göttingen”[14].
Ella leyó la obra de Husserl: Investigaciones Lógicas (1900-19001), donde pudo descubrir mucha luz que iluminaría su pensamiento mediante el método fenomenológico que más tarde abordaremos. Parte de esta decisión se vio influenciada por causa de las distintas asociaciones a las cuales perteneció Edith. Éstas estaban relacionadas con la reforma de los estudios y con la reivindicación de los derechos de la mujer.
Sin embargo, también supo disfrutar de su juventud, pues se dedica a jugar tenis y le gusta remar, le agradan las excursiones, el teatro, la música, en especial la música de Bach; toma cerveza con sus compañeros, es excelente bailarina y sueña con el hombre de su vida; sin embargo, sus estudios son lo primero[15].
En Göttingein conoce a Edmund Husserl y logra pertenecer al grupo selecto de él. En esta época también conoce a Max Schéller, el cual le presenta a Edith el mundo de la fe. Edith misma nos dice esto de Schéller:
“Tanto para mí como para otros muchos, la influencia de Scheller en aquellos años fue algo que rebasaba los limites del campo estricto de la Filosofía… Este fue el primer contacto con este mundo que no conocía. No me condujo todavía a la fe. Pero me abrió una esfera de fenómenos ante los cuales yo nunca podía pasar ciega… Por el momento no pasé a una dedicación sistemática sobre las cuestiones de la fe”[16].
A finales de 1914 comienza a preparar su examen para terminar su licenciatura y la tesis doctoral sobre el tema de la Empatía, según el método fenomenológico. Por fin, en medio de la primera guerra Mundial (1914-1919), los días 14 y 15 de enero hace el examen de Estado “pro facultate docendi” en Historia, Filosofía y Germanística, obteniendo el grado máximo[17]. Después, entre abril y septiembre se alista para ser voluntaria en la Cruz Roja en un hospital austriaco.
Así, el 3 de agosto de 1916 con 24 años de edad, Edith Stein se convierte en doctora en Filosofía con su tesis: El problema de la Empatía. Obteniendo la calificación de “summa cum laude”. Esta misma tesis fue publicada en 1917 por ella misma, pero “las partes I, V y VI no fueron publicadas, tal vez por motivos económicos, y se consideran hoy perdidas”[18]. Es muy importante tener en cuenta que el que estuvo asesorando la tesis de Edith fue el mismo Edmund Husserl, con el cual logró empatizar muy bien, siendo así, Edith, asistente personal de Husserl de 1916 a 1918 en Friaburgo. En febrero de 1918 decide dejar de ser asistente de Husserl, pues ella misma nos explica esto:
“cuando hace poco el maestro me agració (con toda amabilidad, pero no puedo soportarlo) con un montón de indicaciones sobre el tratamiento de sus manuscritos le opuse que la ordenación: 1) era, por principio, imposible; 2) por tanto, en todo caso, sólo realizable por él y para él, y que 3) yo era especialmente inadecuada y que sólo podría aguantar la tarea si, a la vez, podía trabajar independiente en algo… Le he propuesto trabajar con él, pero no ya como asistente, sino como colaboradora. No sé todavía que haré si se pica y le caigo en desgracia. Lo sentiría pero nos tendríamos que separar”[19].
Husserl se vio obligado a aceptar la renuncia de Edith, sin embargo, seguía llamándola para colaborar con él en algunos trabajos ocasionales, a la mayoría de los cuales Edith se negó a trabajar con él.
En Friaburgo, a lado de Husserl, Edith creció bastante en Filosofía, y se convenció de que iría en busca de la verdad, sin embargo, una vez que deja a Husserl y regresa a su natal Breslau, inicia su lucha por ocupar algunas cátedras de Filosofía, las cuales le son negadas por ser mujer. Sin embargo, realiza algunas actividades en 1921, como un curso de Ética para adultos en la Universidad de Breslau e imparte un curso de Filosofía a un grupo de 30 personas, éste lo imparte en su misma casa. Y en este mismo año, en el mes de junio, con ya casi treinta años de edad, lee la vida de Santa Teresa de Ávila, decidiéndose así a ingresar al catolicismo[20], lo cual fue un grave dolor para su familia, en especial para su madre. Pero ella, ya influenciada anteriormente por Husserl, protestante, y Scheller, católico, creía en el Ser eterno, sin embargo, aún no le convencía alguna religión. Pero a partir de 1921 las cosas cambiaron tremendamente.
1.3 Madurez (1922- 1942)
Una vez que descubre el mensaje liberador de Cristo, Edith comienza una etapa difícil al principio pero de gran fecundidad para su vida, pues gracias al Evangelio su vida cobra sentido y dirección. Tomar la decisión de convertirse al cristianismo no fue una elección sin reflexión, pues esto sería contradictorio en un filósofo del nivel de Edith. Sin duda alguna la decisión que tomó fue después de una seria reflexión filosófica y gracias a una sola súplica que ella misma nos dice: “Mi anhelo de verdad era la única oración”[21]. El suceso de gran importancia que marcó la vida de Edith fue el haber sido bautizada en la Iglesia de San Martín de Bad-Bergzabem el primero de enero de 1922. En agradecimiento a Dios por este regalo, Edith tomó el nombre de Teresa, que es el nombre que utilizará después como religiosa. Fue confirmada en la capilla del obispado de Espira el 02 de febrero del mismo año.
Su actividad profesional se intensifica un poco más y comienza como maestra de Literatura y alemán en la escuela de Dominicas en Espira en abril de 1923. En 1925 realiza una labor de gran importancia, pues traduce las cartas del Cardenal John Henry Newman. En este mismo año y hasta 1926 Edith imparte algunas conferencias sobre verdad y enseñanza. En 1928, en Semana Santa, tiene su primer contacto con la abadía de Beuron y con quien después será su director espiritual, el padre Rafael Walter. En este retiro hace sus primeros votos privados. También su vida profesional tiene varias satisfacciones, pues es invitada a impartir conferencias sobre asuntos femeninos y educación católica en varias partes de Alemania y algunos países vecinos. Esta situación la llevó a que entrara en el movimiento de mujeres católicas de Alemania, grupo del cual ella sería una gran líder y gran experta durante varios años, gracias a su extraordinaria y convincente oratoria[22].
Otra traducción de suma importancia en su vida como filósofa y que repercutió grandemente en su vida interior fue la traducción del De Veritate de Santo Tomás de Aquino, pues gracias al acercamiento al pensamiento tomista, ella logra volver a emprender una investigación filosófica, pues de santo Tomás entenderá que se puede usar la razón sin matar el espíritu; y más aún, que la razón y la revelación no están peleadas. Una vez que termina esta traducción, brotó un trabajo para el anuario de Husserl, La fenomenología de Husserl y la filosofía de Santo Tomás de Aquino (1929). Husserl como correspondencia le regala a Edith un libro sobre La forma y la trascendencia de la Lógica[23]. De 1929 a 1933 su actividad se ve enriquecida por bastantes experiencias tanto en el ámbito intelectual como en su vida espiritual, pues es invitada a varios lugares para dar conferencias sobre la mujer, la educación, temas religiosos, la fenomenología, entre otros. Ella asiste a algunos cursos y congresos, por ejemplo, “en septiembre de 1932 es invitada al Congreso Internacional Tomista de Juvisy, París, para hablar de la Fenomenología”[24]. Durante este tiempo ella radicaba en Münster, pero en 1933 ella se traslada a Breslau para despedirse de su familia y comunicarles que ingresaría al Carmelo.
1.3.1 Religiosa Carmelita (1933-1942)
Por fin el 14 de octubre de 1933, Edith Stein ingresa al Monasterio del Carmelo en Colonia. Que difícil fue dar este paso, en especial por el dolor que sintió su madre, fiel cumplidora de la ley y de los ritos judíos, sin embargo,
“La madre no se atreve a enojarse abiertamente con ella, pero llora; está desesperada, los hermanos intentan persuadir a Edith… La madre pregunta desesperadamente ¿por qué lo has conocido a Él? Yo no pretendo decir nada contra Él. Admito que haya sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios?”[25].
Pero Edith ha tomado una decisión y pretende ser fiel a ella. Más adelante logra la conversión al cristianismo de algunos miembros de su casa, incluso, su hermana Rosa, mayor que ella, ingresa al Carmelo después que Edith. Una novela histórica acerca de la vida de Edith Stein, nos revela claramente cómo fue la presencia y la experiencia de Edith Stein durante su vida en el Carmelo:
“La doctora Stein entró al convento con ella, con Edith, pero se guardó mucho de andar por el convento plantando cátedra, ejerciendo de doctora. Edith era sencilla. Como la alondra. O como el agua. Cantaba o corría igual que canta el ave y corre el agua. Y se dejaba iniciar en las prácticas de vida carmelitana, en aquello que las monjas llamaban: las costumbres santas.”
[26] La vida de Edith brilla de una manera diferente, pues está segura del paso que ha dado. A sus 42 años de edad, toma la decisión que da sentido a su vida. Su estancia en el monasterio de Colonia está llena de felicidad, y no duda de su vocación, y aunque sus compañeras de noviciado son más jóvenes con 20 años ella no se desanima, de tal manera, que, en 1934 toma el hábito con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. En este mismo año Edith recibe permiso, por parte del padre Teodoro Rauch, para continuar con su obra científica, pues Edith está convencida de que la vida contemplativa no se puede separar totalmente del mundo, pues una verdadera contemplación nos debe llevar a la acción en la vida. Recordemos que ella, desde muy joven tenía este pensamiento: “Estamos en el mundo para servir a la humanidad; lo mejor para eso es hacer aquello para lo que se tienen las disposiciones adecuadas”[27]. De esta manera fueron bastantes las obras que realizó durante su estancia en el Carmelo, aunque, claro, no les pudo dedicar todo el tiempo que hubiera deseado. En 1935, el 21 de abril hace la profesión de los votos por tres años y en mayo del mismo año, comienza a rescribir la obra que es considerada como la cumbre de su pensamiento filosófico y místico: “Ser finito y ser Eterno”. Ésta la comenzó antes de entrar al Carmelo y la terminó por mandato de sus superiores[28]. Esta obra es terminada completamente a finales de 1936, año en el que suceden varios eventos: muere su madre el 14 de septiembre, a la misma hora en que hace, Edith, su renovación de votos; y el 24 de diciembre su hermana Rosa es bautizada en Colonia. Edith, por fin, realiza sus votos perpetuos el 21 de abril de 1938 a la edad de 46 años. El 27 del mismo mes muere Edmun Husserl. La muerte de su maestro es una gran pérdida para Edith, sin embargo, ella confía en que él, al final de su vida, mientras está en agonía, encontraría la luz. Edith Stein nos describe las últimas palabras de su maestro antes de morir:
“Dios es bueno, sí, Dios es bueno, pero muy incomprensible. Esto es una gran prueba para mí… Luz y obscuridad, sí, mucha obscuridad y de nuevo mucha luz… ¡Oh, he visto algo maravilloso! Anótenlo rápidamente. Pero antes de que llegara la enfermera, Husserl murió. Se llevó el secreto a la eternidad”[29].
Después de este momento importante para su vida, en 1939 entra al Carmelo su hermana Rosa, lo cual llena de alegría a Edith, pues algunos de sus parientes judíos comienzan a aceptar el mensaje de Cristo, prueba de ello era la entrada de su hermana a la comunidad religiosa. En este mismo año Edith escribe su segundo testamento, pues el primero que había escrito fue destruido antes de su traslado a la casa de Echt, Holanda, pues la situación contra los judíos en Alemania cada vez era más insoportable. Este nuevo testamento deja claro lo que ha de suceder con sus escritos y poquísimas pertenencias una vez que muera[30].
Recordemos que en este momento histórico, la humanidad está siendo asediada por una segunda guerra mundial, la cual explota el primero de septiembre, cuando Alemania invade Polonia. Ante este suceso los familiares de Edith emigran hacia Estados Unidos, Colombia y Noruega. Sólo Edith y Rosa se refugian en el monasterio carmelitano de Holanda. Pero en mayo de 1940 Holanda es invadida por las tropas de Hitler y la madre superiora ve la posibilidad de trasladar a Edith y a Rosa a un monasterio de Suiza. No obstante, Edith continúa trabajando en sus labores científicas y escribe sobre Dionisio el Areopagita e inicia la redacción de su último escrito: “Ciencia de la Cruz”. A finales de este año sus hermanos Frida y Paul son capturados y llevados a campos de concentración.
Sin embargo, el intento de trasladar a la hermanas Stein a Suiza resulta fallido y el 02 de agosto de 1942 son capturadas en el convento y trasladadas al campo de concentración de Amesfoort (Holanda).
1.3.2 Mártir en los campos de exterminio nazis.
En la tarde del 4 de agosto, cuando los soldados entraron al convento por las hermanas Stein, las otras monjas se quedaron espantadas, el oficial se dirigió a ellas y preguntando por las hermanas Stein, y una vez que fueron ubicadas, les dijo que tenían que abandonar el claustro y seguirlos. Ellas se negaron, pues dijeron que eran monjas de clausura y no podían salir. En ese momento entró la superiora y al ser informada de la situación también se negó a que salieran de la casa, pero el oficial insistió diciendo: “si en diez minutos no salen, aténganse a las consecuencias”[31]. Edith y Rosa no tuvieron elección y abandonaron el lugar. Lo único que le dijo Edith a su hermana Rosa, una vez que juntaban algunas cosas para su aseo personal, fue: “Ven, Rosa, vayamos al encuentro de nuestro pueblo”[32].
En el campo de concentración de Amesfort, Edith se encontró con muchos conocidos y en él se dedicó a atender a niños que habían sido desamparados. En telegramas que puede enviar al convento, escribe que ella y Rosa han podido orar perfectamente[33].
No obstante, en Amesfort sólo duran tres días, pues el 7 de agosto de este mismo año, 1942, son trasladadas al campo de concentración de Auschwitz, pero mientras las trasladan hacia allá, en Schifferstadt, logra Edith hacerse notar y mandar saludar a su monasterio, anotando en un papel: “De camino ad orientem”, al oriente. Pero esta expresión también significa: al encuentro de Cristo[34]. Ya lo sabía, sí, ella sabía que moriría junto con su hermana, en Auschwitz, gaseada, probablemente el 9 de agosto de 1942. Y así se cumplió lo que Edith había escrito en un telegrama antes de ser evacuada a Auschwitiz: “No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la Cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corzón: Salve, oh Cruz, mi única esperanza”[35].
La vida de Edith Stein puede ser resumida con algunos epítetos: mujer, judía, atea, filósofa, a-religiosa, conferencista, católica, investigadora, religiosa contemplativa, mística, mártir y santa. Así es, en estos calificativos que me atrevo a darle a tan gran mujer, se encuentra descritito el desarrollo de su pensamiento. Cualquier persona que tiene acceso a sus obras puede darse cuenta de esta realidad. Edith Stein, o mejor dicho: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, fue beatificada por Juan Pablo II el 1 de mayo de 1997 en Colonia, Alemania; y canonizada el 11 de octubre en la plaza de San Pedro en Roma; finalmente, fue nombrada copatrona de Europa, junto con santa Brígida de Suecia y santa Catalina de Siena el primero de octubre de 1999[36].
[1] Cfr. Del Espíritu Santo María Renata, Edith Stein, Ed. Monte Carmelo, España, 1998, p.15.
[2] Ranff Viki, Edith Stein en busca de la verdad, Ed. Biblioteca Palabra, España, 2005, p. 13.
[3] Sancho Fermín Francisco Javier, Una espiritualidad para hoy según Edith Stein, Ed. Monte Carmelo, España, 1998, p.25.
[4] Cfr. Del Espíritu Santo María Renata, Edith Stein, op. cit. p.18.
[5] Stein Edith, Estrellas Amarillas, Ed. Monte Carmelo, Madrid, España, 1997, p. 48.
[6] Cfr. A Matre Dei Teresa, Edith en busca de Dios, Ed. Verbo Divino, Navarra, España, 2000, p.15.
[7] Stein Edith, Estrellas Amarillas, op. cit. p. 47.
[8] Ranff Viki, Edith Stein en busca de la verdad, op. cit. p. 21.
[9] Cfr. A Matre Dei Teresa, Edith en busca de Dios, op. cit. p.26.
[10]Cfr. Sancho Fermín Francisco Javier, Una espiritualidad para hoy según Edith Stein, op. cit. p.26.
[11] Ranff Viki, Edith Stein en busca de la verdad, op. cit. p. 33.
[12] Cfr. Ibid. p. 34.
[13] En Alemania los estudios universitarios se configuran de acuerdo a los gustos del estudiante pero con algunas materias obligatorias.
[14] Del Espíritu Santo María Renata, Edith Stein, op. cit. pp. 37-38.
[15] Stein Edith, Escritos Espirituales, Ed. BAC, Madrid, España, 2001, p. XVI.
[16] Stein Edith, Estrellas Amarillas, op. cit. P. 241.
[17] Cfr. Sancho Fermín Francisco Javier, Una espiritualidad para hoy según Edith Stein, op. cit. p.28.
[18] Stein Edith, El Problema de la Empatía, Ed. Trotta, España, 2004, p. 12.
[19] Ranff Viki, Edith Stein en busca de la verdad, op. cit. p. 107.
[20] Cfr. Sancho Fermín Francisco Javier. Una espiritualidad para hoy según Edith Stein, op. cit. p. 30.
[21] Del Espíritu Santo María Renata, Edith Stein, op. cit. p. 98.
[22] Cfr. Stein Edith, Escritos Esenciales, Ed. Sal Terrae, España, 2003, p. 124.
[23] Cfr. Del Espíritu Santo María Renata, Edith Stein, op. cit. p. 115.
[24] Sancho Fermín Francisco Javier, Una espiritualidad para hoy según Edith Stein, op. cit. p. 33.
[25] A Matre Dei Teresa, Edith en busca de Dios, op. cit. p.172.
[26] De Muro Gil, Ahora que son la 12, Ed. Monte Carmelo, España, 1998, p.194.
[27] Viki Ranff, Edith Stein en busca de la verdad, op. cit. p.36.
[28] Cfr. http://gesuit.it/moscati/Español/Esp_Far1.html. Viernes 23 de febrero de 2007.
[29] Stein Edith, Cartas sobre Edith Stein, Ed. Monte Carmelo, España, 2001, p. 33-34.
[30] Cfr. Stein Edith, Los caminos del silencio interior, Ed. Bonum, Buenos Aires, 1991, p.187.
[31] De Muro Gil, Ahora que son la 12, op. cit. p. 242.
[32] Ibid. p. 243.
[33] Cfr. Ranff Viki, Edith Stein en busca de la verdad, op. cit. p. 138.
[34] Cfr. Ibid. p. 139.
[35] De Muro Gil, Ahora que son la 12, op. cit. p. 250.
[36] Cfr. Stein Edith, Escritos Esenciales, op. cit. p. 124.