La peregrinación a Pátzcuaro
Los seminaristas nos estamos preparando para una de las fiestas que celebramos cada año en memoria de nuestro patrón san José y de nuestra patrona la Virgen de la Salud de Pátzcuaro.
Sabado 05 de Julio del 2008
Los seminaristas nos estamos preparando para una de las fiestas que celebramos cada año en memoria de nuestro patrón san José y de nuestra patrona la Virgen de la Salud de Pátzcuaro.
La vivencia de Semana Santa en el Seminario quiere ser una oportunidad para el encuentro con Cristo Jesús, para que juntos lo acompañemos en este camino hacia la Pascua. Es tambien una oportunidad para escuchar el llamado que nos hace a dejar las redes y seguirlo, convirtiéndonos en pescadores de hombres. Será una experiencia nueva y enrriqucedora para todos aquellos adolescentes y jóvenes que tengan inquietud por la vida sacerdotal, un momento de nuestra vida que dedicaremos de lleno a Jesús y a la convivencia fraterna con los demás. Hagamos caso a la voz el Señor que nos llama a seguirlo. Muchas oportunidades se nos presentarán en la vida y tendremos que elegir entre ellas la mejor. Aprovecha esta oprtunidad que Jesús te brinda.
El Seminario Diocesano de Morelia te invita a vivir esta experiencia que te ayudará a disccernir tu vocación.
El pasado 27 de enero del presente año, toda la comunidad del Seminario de Morelia nos reunimos en el hermoso pueblo que vio nacer a nuestro primer santo de la diócesis de Morelia; San Bernabé de Jesús Méndez Montoya.
Fue una experiencia muy enriquecedora, pues los seminaristas tuvimos la oportunidad de profundizar en nuestra vocación por medio del testimonio de vida de este santo varón.
Nos vemos en la próxima peregrinación. Gracias Tarímbaro, Michoacán.
El Atenas: Leyenda y realidad
Por: Sergio A. Urueta Calderón
El páramo verduzco no es un sórdido escenario de un evento pasajero; es el campo de batalla para corazones limpios y anhelantes de jóvenes intrépidos que buscan una victoria para su equipo, para su Seminario, para su vida misma. Para muchos… un simple partido de futbol; ¡para ellos no!…; enfrentar al rival noventa minutos, o más de ser necesario, es la entrega de su alma, corazón y vida; sueños y esperanzas; una lucha constante y sin tregua; un grito profético contra la indiferencia, el desánimo y la rutina: el Atenas, campeón desde sus inicios hasta la eternidad.
No todos los partidos se ganan numéricamente, pero sí todos son un triunfo para sus miembros; porque portan en su frente el estandarte de la gloria, una gloria embellecida por las guirnaldas de sus predecesores: hombres fuertes e ilustres que mostraron que el seminarista fue forjado para ser un campeón en todo lo que dice, piensa y hace.
No todos lo consideran un triunfador, porque no ven reflejado en el Atenas el coraje y el nombre santo que representa. Porque no contemplan que el rival más poderoso a vencer es el mal mismo. Increpados por la circunstancia a emprender la guerra contra sí mismos, para dominarse, como dominan el esférico, los atenienses son testimonio de Dios mismo en el mundo, es una voz que clama: ¡miradnos, existimos, retadnos a ser mejores! La voluntad de Dios se funde con los deseos de cada jugador, porque no juegan por diversión ni por buscar el aplauso y la ovación humana; su meta es la santidad misma por medio del juego.
No desean alcanzar sólo la gloria de un partido, sino la virtud, la perfección, la armonía. No sólo porque el futuro pastor ha de ser sano, sino porque ha de poner su inteligencia, voluntad y libertad al servicio de sus compañeros de equipo. No juegan futbol y ya; ellos conjugan el deporte con la oración y el estudio. Ni son asalariados ni son aficionados. Los atenienses hacen del juego una oración agradable a Dios y desarrollan sus facultades intelectuales con la estrategia del partido; o si se quiere, oran y estudian para dar lo mejor de sí en la cancha, luego que el silbante da inicio a la contienda.
Esa es la razón porque el Atenas late y sigue vivo, pese a las muchas dificultades que ha encontrado a lo largo de su sinuoso camino, con apoyo y sin él, con fe en los jugadores o sin ella, ¡el Atenas no muere!, porque es parte vital de nuestra gloriosa institución; y porque es como la sangre del Seminario, sigue ahí para demostrar que los seminaristas no sólo juegan para mostrar su fortaleza o destreza, sino para enseñarle al contrincante que su objetivo no acaba en la alegría pasajera y mundana que da el gane, sino en la alegría de entregar el ser a Dios que los ha llamado.
Entre nosotros, no podemos decir la palabra Seminario sin recordar al Atenas, pues no sólo ha sido el orgullo de la institución en el campo de futbol ante el mundo; ha sido, además fuente de ideales y realidades que nos impulsan a dar lo mejor de nosotros y nos confronta ante un mundo que requiere pastores firmes en sus decisiones, valientes en sus acciones, fuertes en su carácter, pero siempre serviciales, auténticos y alegres; como el tipo de jugadores que requiere el equipo.
El Atenas no sólo es una reminiscencia de la gloria del Seminario; es, por el contrario, una realidad que estamos llamados a perfeccionar más y más. Requiere de todo el amor al deporte y al Atenas, por parte de los seminaristas de hoy; es necesario que sintamos un gran deseo de triunfo, no sólo el de un encuentro ni el de un momento; sino de una vida entera y fructífera, llena de ilusiones que no se dan gratis, se conquistan; de conformar nuestro temple para superar cualquier adversidad o adversario, circunstancia o dificultad que nos impida lograr el ideal que nos hemos fijado.
Tú, Atenas, eres testigo de muchas vocaciones y grandes hombres que han portado tu camiseta con valentía y orgullo, desde obispos hasta seminaristas que han demostrado al mundo que existe una forma sublime de dominar el balón: con el pensamiento en Dios y el corazón en la entrega; con el ánimo de dar vida a los tristes y con la alegría de una donación plena. Eres una roca colocada en lo alto para ser admirada y, a la vez, sabemos que vivirás mientras los seminaristas sigan anhelando poner en alto el nombre del Seminario y darás vida al mismo en tanto que nunca bajes los hombros, que te entregues hasta el último segundo, hasta el último aliento:
Libertad, alma, vida y corazón
Son las armas con que cuentas
Si tú buscas la verdad.
Lealtad de una vida que se da
Arrollando al Enemigo
Con su fuerza y voluntad.
¡Adelante, Glorioso Atenas, triunfarás!
Se aproxima la victoria
Si mantienes tu ideal.
Con orgullo, la frente en alto llevarás,
Nobles palmas de la gloria
Tu frente ceñirán.
Tu blasón en la historia escribirás
Si te entregas con coraje
En el agro, con valor.
Resistid en las filas con honor,
Tu dechado y testimonio
Brillen como luz del Sol.
¡Adelante, Glorioso Atenas, triunfarás!…
Las misiones que desenpeñan los seminaristas se realizan al final del Curso Escolar, son un experiencia que a todos los muchachos los llena de alegría por el compartir la fe y lo que ellos han recibido en el transcuso del año, con la gente de las cominidades donde son enviados. Esta Experiencia se desarrolla en las parroquias de la diócesis, donde será el campo de acción de estos futuros sacerdotes. Es importante mecionar que algunos seminaristas desarrollan su misión en algunas parroquias que nos son de la diócesis como son: Sabanillas, Chiapas y Antequera en Oaxaca, esto como expresión del espíritu misionero de nuestra iglesia diocesana.
Las Pasionistas somo llamadas a configurarnos con Cristo crucificado a través de la continua y amorosa meditación de su Pasión, derivándose de ahí el celo por promover, entre todos los fieles, la memoría de este Misterio. Prueba de ello, son nuestros diferentes apostolados que tenemos en algunos países.
Si tienes alguna inquietud de saber más de nuestra Congregación, comunícate al siguiente teléfono: (443) 11-30-8-27, con la Hna. Julia Díaz S.

El Seminario, desde sus inicios hasta hoy día, se ha destacado en sus diversas disciplinas, el deporte no podía ser la excepción, y en particular el Fut-bol, con su singular e histórico equipo que, desde siempre, ha llevado el nombre del Atenas, muchas personas han sido testigos y lo son ahora del peso y garra que acuña la camiseta de un joven ateniense, cabe señalar que de este equipo sobresalen muchos sacerdotes que son servidores de Dios, invitados a un equipo famoso y competitivos de la época, pero que decidieron servir al Señor en el terreno de la fe. No es cosa fácil hacer una reseña fiel y completa de la estructura del equipo Atenas ya que no hay datos escritos de donde obtener información, “el Atenas, lo mismo que la gloria, tiene su historia pero no se escribe”. (José Chávez Calderón), más he de tratar dar una sencilla reseña general de lo que es este glorioso club, pues “hay en le Seminario un juego que apasiona a chicos y a grandes, a ágiles y a torpes, a sanos y a enfermos, este juego es el Fut-bol” (Sr. Ramón López Lara en su Breve crónica del cuarto y quinto curso, año 1935. Cfr. Trento N.5 Pág. 34).
La pastoral en el Seminario de Morelia va teniendo niveles, es decir, primero se prepara para salir y luego se envía, aquí hablaremos algo sobre cada etapa empezando desde el Seminario Menor, pasando por el Curso Introductorio, después por Filosofía y por último con la Teología además un poco sobre los responsables de esta dimensión.
El papel que tienen las Hermanas en nuestro Seminario es muy significativo. Ellas, que de una manera callada y silenciosa, desgastan su vida en la formación de los Futuros Sacerdotes, tienen la encomienda de preparar y elaborar los alimentos. Gracias a sus labores es como los que integramos esta Institución nos nutrimos debidamente. Su ejemplo y valentía en servir, son motivación para que seamos fuertes y transmisores del amor y ayuda al prójimo.
Además, contamos con sus seguras y fervorosas plegarias que elevan a Nuestro Señor, para que día a día, vayamos tomando más conciencia y respondamos con amor y entrega al llamado de Dios.
¡Gracias Hermanas por querernos tanto!