Hacia una valoración ética - filosófica de la clonación humana
Tesina Filosófica
Presentada por:
Raúl Sánchez
Recensión
En el presente se aborda una problemática que inquieta en nuestros días: la clonación, que acumula sombras y esperanzas, inquietudes y dudas. Desde hace algunas décadas, el desarrollo de las ciencias se ha acelerado y no se ve el final. El hombre contemporáneo dispone de un poder nuevo, se está volviendo capaz de modificar el curso natural de la vida, dispone de medios para actuar sobre el comienzo de la vida humana. Ante esta realidad surgen cuestiones que implican una investigación ética, pues de un modo u otro, a todos nos afectan estos cambios importantes. El problema planteado no puede quedar sólo a discreción de los científicos y de los técnicos aunque ello disguste a los que piensan que todo progreso científico es, automáticamente un bien, y que la moral no es sino un prejuicio ridículo. Como hombres insertos en esta realidad que afecta la dignidad del ser humano, estamos llamados a dar una respuesta a lo planteado.
El hombre es un ser que tiene naturaleza humana, sus partes y todo él tienen un fin propio. No puede, por su bien, rebasar los fines que brotan de su misma naturaleza, como lo intenta hacer en la procreación asistida, en concreto, en la clonación.
La finalidad del presente es justificar la respuesta negativa de la ética ante la clonación y su valoración. Se dejan ver principios claros que atentan contra el hombre mismo. Elogiando, por un lado, el progreso que ha tenido el hombre, pero también mostrando la otra cara de la moneda, aspectos importantes a considerar que van en contra de derechos inalienables de la persona.
Aunque mi trabajo de investigación se oiga como una voz en el desierto, es una investigación con perspectiva ética sobre algunas propuestas de científicos y donde se defienden valores irrenunciables de la persona.
La realización de este trabajo de investigación fue gracias a las obras sobre Bioética de Niceto Blázquez, Andrew Varga, Bernhard Häring, Marciano Vidal, Jolivet Regis; así como revistas de filosofía y periódicos actuales. Todos éstos sobre clonación o lo relacionado con ésta.
La documentación e investigación fue el método utilizado, así como la profundización y aclaración. Utilicé este método por ser un tema actual y que se presta a muchas opiniones gratuitas y es necesario dar a luz realidades objetivas que brotan de la misma naturaleza humana y que a veces se ven opacadas por todos los bombardeos negativos de medios de comunicación, empresas, grupos corporativos, gobiernos, científicos, etc.
Los criterios en la distribución del trabajo fue el partir desde unas nociones generales hasta llegar a unas precisiones concretas que afectan la dignidad personal, pasando por todo aquel análisis de lo que es la clonación en humanos, su situación en medio del mundo, valoraciones éticas de todo lo que esto implica.
El contenido está distribuido en cuatro capítulos, en ellos se va analizando el problema de manera general, sigue su desarrollo dando un panorama de ello en el mundo, se dan las valoraciones éticas a lo planteado, y en lo que respecta a la dignidad de la persona, se llega a conclusiones.
Abordado este tema de interés actual, una realidad que está latente en nuestros días: la clonación humana, aquí estudiada, se intentó dar una respuesta desde el punto de vista ético, para que, de alguna manera, podamos defender a la persona humana y las dimensiones en que es afectada.
Es laudable el intento del hombre en mejorar la vida, sus adelantos científicos y técnicos. Ese desarrollo que el hombre ha ido haciendo con el correr de los años, la vida más cómoda y más fácil, ha proporcionado más y mejores bienes en muchos aspectos. Pero también podemos decir que mucho de ese desarrollo se ha convertido en perjuicio de la misma humanidad. Este hombre lleno de visión de futuro puede, dentro de sus proyectos, afectarse a sí mismo o a los hombres del mañana. El hombre mismo, atenta contra la persona cuando la considera como cosa, cuando es utilizada en experimentos y donde puede ofender y herir su dignidad. Cuando el hombre sólo considera a la persona de un modo biológico y no lo toma en su totalidad y cuando se procede de un modo utilitarista, es reprobable y antiética esa inquietud de progreso. La ciencia está al servicio del hombre y no al revés.
El científico debe tener en cuenta, por el bien de la persona humana, principios éticos. Se debe respetar al embrión porque tiene principio de individualidad y es de naturaleza humana. Es importante considerar que ante la clonación humana están interesadas muchas personas: científicos, gobiernos, particulares, etc. El hombre es amenazado y ofendido aun antes de nacer y son los que se pronuncian defensores de derechos humanos.
Los problemas que se desatan ante la clonación humana son de todo tipo, afectando al manipulador y al manipulado principalmente. Se llega a la conclusión de que alterar la naturaleza, la procreación dentro del orden natural, lleva a un desorden científico, social, familiar y, sobre todo, personal.
La persona es un ser individual, posee singularidad, rasgos que la caracterizan como un ser humano digno de ser respetado. El hombre, sin respetar los límites de la naturaleza y de la investigación, al intentar hacer copias humanas hiere a la persona en el corazón mismo de su identidad personal.
No podemos aceptar esta práctica porque va en contra del hombre mismo, no se puede arriesgar la vida, la integridad y, se puede decir, la felicidad de un ser humano, sólo porque algunos científicos quieren realizar experimentos y aparecer frente al mundo como héroes, esa es una postura egoísta y soberbia.
Es verdad que muchos países rechazan ésta práctica y que entre ellos hay acuerdos para cuidar a las personas que se ven orilladas a realizarla, es bueno que haya todavía conciencia de que se debe velar por el bien de la humanidad, la capacidad del hombre y el desarrollo científico. Sin embargo, hay muchos que no están de acuerdo por ser muy liberales o, me atrevo a decir, por la falta de hombres que sean sabios y sean capaces de percibir el daño a la naturaleza humana.
Por otro lado, el hombre que tiene en sus manos medios para el futuro de la humanidad debe respetar y hacer respetar la vida del ser humano desde el primer instante de su vida, todo aquello que huela a naturaleza humana debe de defenderlo porque es en sí mismo familia de su mismo género.
La clonación merece un juicio negativo porque la mujer queda reducida a una máquina de óvulos, queda relegada a una de sus funciones naturales como es la procreación dentro de su cuerpo y se le priva de ser y sentirse madre. Todo esto se podría considerar como una consecuencia más del machismo que existe en nuestra sociedad.
Aceptar la ejecución de esta práctica sería aceptar una ciencia sin valores donde la persona es considerada como objeto, como cosa que se puede manejar al antojo de otra persona, sin tener derecho alguno. Aceptar la clonación es aceptar la ruina del mismo hombre que se mueve por puros intereses de gloria, reconocimiento y de poder de dominio de unos sobre otros. La clonación humana es dominar, es jugar con la libertad del otro, es enfrentarnos al Autor de la naturaleza humana y retarlo a competir para saber quién puede más.
El hombre muestra su omnipotencia, con todos sus avances, al clonar. Pero, por otro lado, da a conocer su impotencia y limitación de no caminar por los caminos de su misma naturaleza humana. Busca otros caminos que no le son propios, se ve derrotado, se ve cansado, vencido al no poder dar respuesta a sus problemas de una manera humana, racional y ética. Sale por la tangente a buscar soluciones que no lo llevan sino a la ruina. Todo esto seguirá hasta que surjan hombres más sabios, más capaces e inteligentes que se aventuren en el mar de lo humano, lo racional y lo ético; y no en lo técnico, lo superficial y lo absurdo. Por eso lanzo la pregunta: ¿Llegará ese tiempo?
La vida es un don precioso que hay que respetar y defender; tratar de escudriñarla, por muy científicos que sean, por muchos avances tecnológicos que haya, jamás se llegará a conocer el fondo del ser humano; él es un misterio que la mente humana más brillante no puede conocerlo del todo, sino sólo su Autor.
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