La vigencia del amor
Tesina Filosófica
Presentada por:
Ignacio Martínez Chávez
Recensión
El hombre de nuestro tiempo enfrenta problemas que en nada se parecen a los confrontados en otras épocas. Podríamos citar, por ejemplo, el peligro de un holocausto nuclear y la consecuente aniquilación del género humano, como de casi todas las especies animales y vegetales. Este hecho es, por sí solo, digno de la más aterradora pesadilla.
Por otro lado, la vida urbana está rodeada de egoísmo, de impaciencia, de los llamados intereses creados, y de un sinnúmero de situaciones alienantes. La injusticia y la miseria pululan en el ambiente, que ya de por sí se encuentra contaminado a extremos peligrosos. Nos asfixia el tremendo anonimato de las masas o la terrible soledad del individualismo. Se nos pierde irremediablemente el sentido de la vida y ansiosos buscamos la respuesta.
Sin embargo, aún hay esperanza. El hombre es un ser que busca, es un eterno inquisidor. En su búsqueda, el hombre hace ciencia, arte, filosofía. En su buscar, el hombre encuentra a otros hombres. Precisamente en el encuentro con otros hombres descubrimos la esperanza del amor. En efecto, el encuentro con el otro me plantea alternativas: o lo acepto como otro “yo” y al responderle me abro a él; o lo rechazo y regreso a la soledad de mi individualismo; o podría perderme en el anonimato de las masas.
Si opto por la segunda alternativa, nunca lograré completarme como persona; pero si me abro al otro y le respondo, pondré en juego una serie de elementos que resultarán en el surgimiento del amor. En el encuentro amoroso yo descubro que completo mi persona. Es, pues, la posibilidad de mi realización como persona.
Al estudiar la historia de la filosofía se sorprende uno de que en la visión cosmocéntrica de los griegos haya quienes se preocuparon por saber qué es el hombre. Sabemos que los sofistas iniciaron la corriente humanista griega. Pero Sócrates fue el que claramente se interesó por conocerse a sí mismo. El se preguntó: ¿qué hemos de conocer? Y responde: al hombre. Cada hombre debe de conocerse a sí mismo. Sócrates no nos recomienda la introversión ni un subjetivismo solipsista. Recuérdese su frase: “Me gusta aprender, y el campo y los árboles no quieren enseñarme nada, pero sí los hombres de la ciudad”. Lo que nos recomienda es el autoconocimiento para llegar a la verdad y al amor. En este sentido Jenofonte asegura que Sócrates “estimaba como próximo a la locura el ignorarse a sí mismo”.
Agustín de Hipona, desgarrado por problemas existenciales y zarandeado por las pasiones, cuando se vio en la inquietud y en la angustia recurre a la filosofía interiorista, que lleva al amor, de raigambre socrática.
Para adquirir motivaciones sugiero reflexionar los libros de autores selectos como: Raúl Gutiérrez Saenz, Angel Rodríguez Luño, Jean Paul Sartre, Vicente Arregui, Tomás Alvira, entre otros.
Siempre será interesante el conocimiento del cosmos y de Dios; pero también uno de los más impresionantes objetos de conocimiento será la persona misma: “Factus eram mihi magna quaestio”.
¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿para qué estoy aquí?, ¿hacia dónde me dirijo?, etc., son cuestiones que desde siempre el hombre se ha preguntado acerca de sí mismo.
Ahora este preguntarse del hombre sobre sí mismo es más insistente, aparece con mayor frecuencia. El estudio del hombre y de su actuar en la filosofía actual es un estudio central: los grandes sistemas filosóficos de nuestros días se presentan como humanismos, como soluciones al existir humano. La numerosa bibliografía sobre la reflexión filosófica actual del hombre es un signo de la actualidad del estudio filosófico del hombre.
Pareciera injustificado el incremento de la reflexión filosófica sobre el hombre en una época que venera y cultiva la ciencia, y en la cual el desarrollo de las ciencias del hombre ha sido asombroso (psicología, psiquiatría, sociología, política, etc.); sin embargo, hay razones claras que explican por qué se ha vuelto la atención al estudio filosófico del hombre en nuestra época:
Cada vez estamos más convencidos de que en el hombre hay preguntas y problemas que la ciencia no responde ni resuelve. Cada vez son menos quienes piensan que el progreso científico-técnico es la clave de realización del existir humano. Después de dos guerras mundiales en las que perdieron la vida en campos de exterminio dos millones de personas, después de la hambruna de Etiopía, de la guerra de la antigua Yugoslavia, de la cantidad de armas que hoy meten miedo al hombre, de la destrucción de la atmósfera, después de todo esto, son muy pocos los ingenuos que aún miran a la ciencia y a la técnica como un progreso automáticamente humano.
El hombre de nuestra época es un desconocido de sí mismo: multitud de diversiones y entretenimientos lo sacan de sí, una especialización técnica cada vez más mecanizada que lo hacen un robot, el ritmo acelerado de la vida que no le deja tiempo para reflexionar, el afán de inmediatez y superficialidad creado por los medios de comunicación, que no deja lugar a la pregunta por lo que realmente vale, etc. El desconocimiento de sí mismo mete al hombre en esa angustia existencial característica de nuestra época y le hace perder el sentido de lo humano.
¿Por qué el hombre se pregunta sobre sí mismo? Porque puede hacerlo: sólo el hombre es capaz de preguntar, cosa que no puede hacer ni la piedra, ni la planta, ni el animal. El hombre es el único que se plantea problemas, es el único que puede ir más allá de lo inmediato de las cosas y preguntarse sobre el ser y el por qué. Porque es una pregunta no respondida satisfactoriamente. A lo largo de los siglos se han acumulado las definiciones y las reflexiones sobre el hombre, y a pesar de ello el hombre sigue preguntando; no ha quedado aclarado el ser de lo que es el hombre. Cada uno es el hombre y sigue siendo un misterio para sí mismo: una superficie iluminada (que conlleva necesariamente un lado oscuro); su saber es a la vez no saber y su autocomprensión una incomprensión. Tal vez la raíz de esto se encuentre en el interior del hombre, capaz de realizar las proezas más sublimes y quedar sumido en bajezas impropias de su condición, aspira a lo grandioso, a lo absoluto, a lo que no termina… y frecuentemente se encuentra en la más negra desesperación y angustia; porque al existir libremente debe elegir para realizarse: necesita saber hacia dónde orientar sus decisiones: ¿qué ha de hacer de acuerdo a lo que es?, porque necesita dar un sentido global a su existencia.
La finalidad del pensamiento filosófico sobre el hombre no es aumentar el saber humano, sino dar respuesta a una situación concreta del existir, comprenderla para vivirla. Esto queda claro cuando el hombre se pregunta sobre sí mismo; cuando viendo sus obras o experimentando la grandeza de Dios, se admira a sí mismo y busca explicar su grandeza: ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?; cuando experimenta el contraste entre lo que es y vive, y lo que debiera ser y vivir para poder existir como persona humana; cuando experimenta el vacío existencial después de una vida gastada en la rutina mecánica de cada día, etc.
Hoy es de vital importancia recordarle al hombre que viva lo que el símbolo del corazón expresa y que a cada momento late en su ser el amor. El mundo pide insistentemente que el hombre exprese y busque al amor en las cosas más sencillas del vivir: un saludo, una sonrisa, una caricia, un vivir la justicia, el perdón, un darse día a día a los demás. El hombre tiene que traer a la mente ese grito apasionante de fe y esperanza: “Sí se puede… Amar”.
Basta ya de tantas elucubraciones. La originalidad de este trabajo exige vivirlo ahora. La solución para el mundo, que a veces se tambalea, está en que el hombre no se acobarde, no caiga en la desesperanza y el miedo, sino en vivir conforme a la felicidad que busca.
De esta investigación puedo expresar que el primer beneficiado soy yo, debido a que he profundizado en mi naturaleza –desde una sana filosofía- para conocerme y conocer a los demás hombres. Asumo la responsabilidad de mi existencia y soy el primer responsable del timón de mi vida. Es importante hoy pasar del conocer al obrar, y esto es lo que se ha intentado en este trabajo.
“ Ama y haz lo que quieras…”
“En el amor… lo amado perfecciona al amante…”
“Sin un amor… la vida no se llama vida…”
Bibliografía
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